martes, 14 de enero de 2025

Martín Torino, amigo y médico



Martín Marcos Antonio Torino nació el 13 de julio de 1863 en Gualeguaychú, Entre Ríos. Fue bautizado el 24 de septiembre del año siguiente. Sus padres fueron Ricardo Torino Santibáñez y Zenona Hernández. Tuvo al menos cuatro hermanos: Ricardo, Joaquín Olayo, Mercedes y Máximo.

Martín hizo sus estudios de segunda enseñanza en el Colegio de Concepción del Uruguay. En la Capital Federal obtuvo el título de farmacéutico en el año 1885, graduándose en medicina, cinco años después, en la Universidad de Buenos Aires.

En calidad de practicante hizo la campaña del Chaco en 1884. A él se debe la fundación del Hospital Crónicos, desempeñando el cargo de administrador del mismo durante cinco años consecutivos. En el año 1887, fue trasladado al Hospital “San Roque” como subdirector y administrador, actuando en tal carácter durante la epidemia de cólera.

Desde muy joven, Martín Torino comenzó a participar activamente en la vida política nacional. Y fueron precisamente los ideales esgrimidos por su amigo y paciente, Leandro N. Alem, los que lo atrajeron primordialmente y lo empujaron a seguirlo en un no siempre venturoso vaivén.

 

La “Revolución del Parque”

 

El abril de 1890, en un masivo acto en el Frontón Buenos Aires, se reunieron los opositores al gobierno de Miguel Juárez Celman y se unificaron en un nuevo partido llamado Unión Cívica del cual Leandro N. Alem fue nombrado presidente. En la ocasión asimismo se decidió realizar un levantamiento armado para derrocar al gobierno y convocar a elecciones libres.

            Alem quería que la revolución estallara cuanto antes. En cambio, su sobrino Hipólito Yrigoyen sostenía que había que esperar hasta que se sumaran todos los cuerpos del Ejército. Tampoco estaba de acuerdo con la idea de su tío de secuestrar al Presidente y a sus ministros en la velada del 9 de Julio que se celebraría en la Ópera o en el Politeama. Y mucho menos con el disparate de suministrarles narcóticos a los jefes que se opusieran a la salida de sus tropas, aunque fueran recetados por su médico, el doctor Martín Torino. Por suerte, en esto último primó la cordura y los hechos se dieron de otra manera…

            El sábado 26 de julio de 1890, en plena madrugada, Leandro N. Alem, al frente de un regimiento cívico armado, tomó el estratégico Parque de Artillería. Junto a él también marchó el doctor Torino, quien estaba listo para atender a cualquier herido que se produjera.

Una vez concentradas las tropas revolucionarias, el general Campos cambió el plan establecido la noche anterior, y en lugar de atacar las posiciones del gobierno y tomar la Casa Rosada, dio la orden de permanecer en el interior del Parque.

Alem cuestionó inicialmente la decisión del General porque se apartaba del plan revolucionario, pero finalmente terminó aceptándola sin plena conciencia de que afectaba las posibilidades de éxito de la revolución.

Se combatió hasta el 29 de julio cuando fue firmado el cese del fuego. Si bien la “Revolución del Parque” no logró su cometido original, fue un gran triunfo político para la Unión Cívica, ya que el presidente Juárez Celman se vio obligado a renunciar y en su lugar asumió el vicepresidente, Carlos Pellegrini.

 

 Unas semanas antes…

 

Unas semanas antes de que se produjera la “Revolución del Parque”, salió la primera entrega del diario “El Argentino”. Su número inaugural definió cuál sería el carácter asumido por aquella publicación: circularía como el “Órgano de la Unión Cívica, nuevo partido fundado por el impetuoso idealismo de Alem y el fervor patrio de un grupo de jóvenes.

Fundamentalmente bajo la conducción de Adolfo Saldías o Lisandro de la Torre, Martín Torino colaboró con exquisitos artículos que ligaban sus múltiples intereses –como la medicina o el campo-, con la política como medio para llevar a la realidad cualquier ideal.

 

Leandro N. Alem en Azul

  

            En octubre de 1890, Leandro N. Alem llegó en tren al Azul con la intención de organizar a la Unión Cívica local. Al mismo tiempo, visitó la estancia “San Nicanor” de la familia Acosta,  que administraba su médico personal, Torino, desde 1889.

 

El amor…

 

Martín Torino contrajo matrimonio el 10 de octubre de 1892, en la Basílica Nuestra Señora de la Merced, Buenos Aires, con Elena Acosta Castelli (nacida en 1871). La pareja tuvo una hija: Isabel Torino Acosta.

Elena era hija de Eliseo Pablo Acosta Martínez y Ángela Mercedes Dolores Castelli Boise. Su padre era el único descendiente del matrimonio pionero formado por Pablo Acosta y Javiera Martínez Vidal. El matrimonio había recibido por enfiteusis unas doce leguas cuadradas a las que llamaron “San Javier”. Con el paso del tiempo, y para una mejor atención de la hacienda, dividieron la enorme extensión en cuatro puestos a los que denominaron: “San Pablo”, “San Antonio”, “San Eliseo” y “San Nicanor”. Este último puesto estaba ubicado en el sector más sureño del terreno, sobre una loma muy cercana al Arroyo de los Huesos; y era el administrado discrecionalmente por Torino.

San Nicanor

 

Fundado en el año 1863, el establecimiento abarcaba una extensión de 3.116 hectáreas de campo, de las cuales más de 500 estaban dedicadas al cultivo de maíz, trigo, avena y 120 para alfalfares.

Construido en la parte alta de una colina, desde la que se dominaba un pintoresco paisaje surcado por los arroyos Los Huesos, Torinofú, Los Burros y otros. Se  destacaba el chalet rodeado por un cerco que abarcaba 20 hectáreas pobladas en su mayor parte de árboles frutales, arbustos y variadas plantas (álamos de la Carolina, pinos y paraísos) que procuraban el embellecimiento de anchas avenidas y callejuelas que derivaban en un lago artificial logrado bajo la guía de Torino.

Había edificados dos galpones destinados al acopio de productos finos y también maquinarias y frutos del país. Asimismo cerca de la casa principal se erigían dos chalets, uno para el mayordomo y otro gemelo con diversas dependencias como farmacia, despensa, bodega, carnicería y carpintería.

El Dr. Torino dedicó sus actividades, con preferencia, al fomento de la ganadería, ramo en el que llegó a un grado tal de adelanto que sus haciendas gozaban de señalada reputación; su espíritu emprendedor y progresista, lejos de concretarse al cultivo de las especies que predominaban en la República, buscó ambiciosamente nuevos y diversos campos de acción, produciendo por ejemplo, por selección, un hermoso plantel de raza Shorthon-Durham.

También había conseguido la aclimatación de la cabra llamada de Angora y la mestización de la cabra Criolla, cruzándola con Cachemira, producto valiosísimo que en determinados países -como en Estados Unidos- aportaba una importante producción. Igualmente, pasó muchos años empeñado en la aclimatación de la raza ovina “Kara-Kul”, cuya piel se conoce con el nombre de Astracán.

  

La Revolución Radical del ’93

  

Casi al mismo tiempo en que se definía la Revolución Radical que iniciara Hipólito Yrigoyen -el 30 de julio de 1893-, desde Azul en toda la provincia de Buenos Aires, en Corrientes, el 14 de agosto, dos días después de la renuncia de Aristóbulo del Valle, un movimiento radical derrocó al Gobernador, y si bien fue inmediatamente intervenida, el gobierno revolucionario resistió. Este hecho hizo que Leandro N. Alem considerase que, lejos de haber sido derrotada, la revolución estaba todavía latente y solo faltaba una chispa que la reactivase. Muchos de sus hombres hicieron denodados esfuerzos para lograr los objetivos planteados.

Sin embargo, la revolución fue vencida en todo el país.

El 1 de octubre Alem fue capturado y encerrado con cientos de revolucionarios, para permanecer preso por meses. Así, también, se inició el exilio de centenares de radicales…

 

Ene de ´nada´

 

Leandro Alem y Martín Torino estuvieron confinados durante tres meses en un buque de guerra, siendo deportados a Montevideo después de vencido ese plazo. Precisamente, en aquella ciudad uruguaya, intentó develar un curioso misterio que se cernía sobre su amigo.

Bautizado como Leandro Alen, ya en la universidad, cambió su apellido para atenuar la permanente discriminación que sufriera por el recuerdo de su padre: siempre fue “el hijo del ahorcado” o “el hijo del mazorquero”. A tal fin reemplazó la ene final de su apellido, por una eme. Simultáneamente diseñó su firma como “L. n. Alem”,  agregando una ene minúscula entre las dos mayúsculas correspondientes a su nombre y apellido de bautismo.

Hallándose exiliados, Alem le pidió a Torino que le hiciera imprimir unas tarjetas personales. Martín le preguntó qué significaba esa n minúscula junto a la L inicial. Y él le respondió: “Quiere decir nada”.

En verdad, la ene era la inicial de Nicéforo.

Para entonces, el doctor Torino ya notaba el ánimo de su amigo un tanto quebrantado. Sus esfuerzos no estaban dando los frutos que esperaba. Y para peor, sus recursos económicos comenzaban a menguar aceleradamente. E inclusive, empezaba a ver como viejos aliados retaceaban su apoyo…


Entre el campo y la política


Durante algún tiempo, Martín Torino fue secretario privado del abogado, político y diplomático radical Bernardo de Irigoyen. Con él, además, compartía otra pasión: la cría de lanares. De Irigoyen, habiendo heredado modestas tierras de su padre, alejadas de la ciudad de Buenos Aires, consiguió un préstamo mediante el cual desarrolló una explotación ovina, que creció a tal punto que al cabo de unos años contaba con negocios agropecuarios sumamente diversificados. Por tal motivo, se lo considera uno de los pioneros de la producción y exportación de lana a partir de la oveja.

En 1895, Torino fue diputado por la Capital Federal, donde su actuación por demás significativa y sus numerosas y patrióticas campañas políticas, dieron margen a la construcción de los primeros acorazados argentinos, el Garibaldi y el “Pueyrredón”. Se deben también a sus iniciativas el viejo edificio de la Morgue y la Escuela de Higiene Experimental de Córdoba.

 

Hasta el último momento…

 

El 29 de enero de 1896 falleció imprevistamente Aristóbulo del Valle, condiscípulo de Alem en la Universidad. Los mismos ideales, cárcel y destierro unieron a Alem con sus seis mejores amigos. Entre reuniones políticas, proyectos y desencantos transcurrió el otoño.

La salud de Alem se deterioraba rápidamente. Los amigos lo notaban alarmados. Acarreaba enormes pesares. La disgregación del partido, la actitud de su sobrino Hipólito, las acusaciones de Pellegrini, la calumnia y la pobreza que le impidió concretar su matrimonio con doña Catalina Tomkinson, eran algunas de aquellas desgracias…

El 1 de julio envió breves esquelas a sus amigos: Francisco Barroetaveña, Enrique de Madrid, Oscar Liliedal, Domingo Demaría, Adolfo Saldías y Martín Torino citándolos a su casa. Cuando estaban todos reunidos, Alem les dijo que iba a salir por cinco minutos. Pero la espera se alargó. Subió a un coche en la puerta de su casa y le indicó al cochero que lo llevase al Club del Progreso. Cuando llegaron a destino, Alem se había suicidado. El cochero no oyó el disparo, amortiguado por el trote del caballo sobre los adoquines. En un bolsillo encontraron un papel: “Perdónenme el mal rato pero he querido que mi cuerpo caiga en manos amigas”. La situación vivida fue muy dura e impactante para todos ellos.

 

 Después de Alem

  

Desde el año 1897, en que abandonó temporalmente la política, Torino comenzó a dedicarse de lleno al ejercicio de su profesión atendiendo en la Capital Federal. Asimismo, también solía atender pacientes de la zona rural de Entre Ríos, donde su familia poseía campos a los que asistía frecuentemente como a su estancia “de veraneo” en Azul.

Por otra parte, fue vocal de la Comisión de Fomento y Creación de las bibliotecas populares de la República.


Los regalos del Presidente

 

Alrededor de 1910, el establecimiento “San Nicanor” contaba con unas 3.800 cabezas de ganado vacuno, 2.250 ovinos Lincoln puros por cruza y un número considerable de equinos para diversos servicios.

En amplios locales expresamente construidos, ofrecidos a la división de ganadería de la Nación por el doctor Torino, supieron ser alojados y confiados a su vigilancia y cuidado, dieciséis ovejas y cuatro carneros “Karakul”, ejemplares de los más puros de su raza y únicos en el país, que fueran regalados al Presidente de la Nación, Dr. Roque Sáenz Peña, por el emperador Francisco José de Austria, correspondiendo a la gentileza con que se trató al Dr. Krupp, enviado especial de Imperio Austro-Húngaro a las fiestas del Centenario de la Revolución de Mayo.

Gracias a este valioso obsequio, no se malogró el esfuerzo hecho por el entonces ministro de Agricultura, ingeniero Pedro Ezcurra, para introducir en la República algunos ejemplares de esta preciosa especie de la raza ovina, pues por entonces estaba prohibida su exportación.

Aquellos veinte “pensionistas” de la cabaña del Dr. Torino procedían a su vez de un regalo que hizo el Emperador de Rusia al de Austria-Hungría. Eran todos puros de raza “Karakul”, originaria de Siria, raza que supo extenderse por Rusia, China, Persia, Asia Menor y Arabia, islas Mediterráneas, Grecia, etc.

El vellón de los adultos, mezcla de lana y pelo, se forma en mechas puntiagudas; en los recién nacidos es de color negro fuerte que va aclarándose a medida de su crecimiento hasta tomar en el extremo de las mechas un tono marrón que más tarde se vuelve gris. Según su clase y procedencia, los cueros de corderitos reciben los nombres de Breischwanz, Karakul, Astracán, Persianos, Schiras, Bagdad, Afganistán y Crimeos, siendo los primeros de mejor calidad.

Los campos de Salta y Jujuy, por sus condiciones, resultaban los ideales para el emprendimiento encarado. Sin embargo, el Dr. Torino hizo todo su esfuerzo y logró su objetivo en los pagos azuleños.

 

Últimos años…

 

Siendo Senador Nacional por Entre Ríos desde 1917, Torino estuvo decididamente en contra de Hipólito Yrigoyen, y presidió el movimiento anti-personalista en sus primeros pasos.

De hecho, encabezando a un grupo de diputados y senadores alvearistas, en julio de 1924, logró que se decretara “consultar al radicalismo de todas las provincias y Capital Federal mediante un llamamiento” sobre las posibilidades de efectuar una reorganización general del partido con exclusión de las autoridades de aquel entonces. Así comenzó una de las etapas más complejas del radicalismo, produciéndose en su seno un gran cisma, profundo e irreductible. Personalistas y antipersonalistas batallarían hasta descubrir que como reza el “Martín Fierro”, “… si entre ellos se pelean…”, un golpe de Estado culminaría por muchos años con las posibilidades del radicalismo de conducir la Nación

Sin dejar definitivamente su acción política, el doctor Torino presidió la Academia Nacional de Medicina entre los años 1926 y 1928, luego de lo cual siguió ejerciendo su profesión en la Capital Federal a pesar de su avanzada edad.

Durante los veranos, como siempre lo había hecho, volvía a descansar a su estancia en Azul.

            Martín Marcos Antonio Torino falleció a los 91 años de edad, el 27 de febrero de 1955, siendo sepultado en el Cementerio de Olivos.

Leandro N. Alem, el primer Radical




Leandro Nicéforo Alen nació en la ciudad de Buenos Aires el 11 de marzo de 1842. Sus padres fueron Leandro Antonio Alen y Tomasa Ponce Gigena. Tuvo siete hermanos: José Gregorio, Marcelina Antonia (madre de Hipólito Yrigoyen), José Severino, Luisa, Diego Hipólito, Tomasa y Lucio.

Su padre era un pulpero del barrio de Balvanera y uno de los oficiales de la Mazorca -la fuerza parapolicial de Juan Manuel de Rosas-, motivo por el cual fue capturado y enjuiciado, para luego ser fusilado y colgado públicamente en la desaparecida Plaza de Monserrat. Ante la vergüenza que esto le significaba, ya en la universidad, cambió su apellido para atenuar la permanente discriminación que sufría. Así reemplazó la ene final de su apellido, por una eme.

Desde muy joven, Leandro ingresó como voluntario al Ejército. Peleó en Cepeda (1859) y en Pavón (1861) del lado federal contra el Estado de Buenos Aires.

En 1865 fue enviado como ayudante de Wenceslao Paunero a la Guerra del Paraguay, donde resultó herido y alcanzó el rango de capitán. Fue nombrado secretario de la delegación argentina en Asunción del Paraguay y más tarde en la de Río de Janeiro como agregado cultural.

Al poco tiempo retornó a Buenos Aires y comenzó a estudiar abogacía en la Universidad de Buenos Aires, recibiéndose en 1869 con una tesis titulada “Estudio sobre las obligaciones naturales”, tras lo cual instaló un estudio jurídico junto con su amigo Aristóbulo del Valle.

 

Comienzos en el Partido Autonomista

  

Comenzó a militar en el Partido Autonomista de Adolfo Alsina, que se oponía a la federalización de Buenos Aires y estaba enfrentado al Partido Nacional de Bartolomé Mitre.

En 1872 fue electo Diputado Provincial destacándose de inmediato por su estilo claro y frontal, siendo llamado el “Señor de Balvanera”. Dos años después resultó electo Diputado Nacional. Sin embargo, el Partido Nacional se impuso ampliamente lo que llevó a Alsina a resignar su candidatura presidencial y proponer una coalición con este partido, naciendo así el Partido Autonomista Nacional (P.A.N.).

Leandro Alem se opuso a este acuerdo y junto a dirigentes como Aristóbulo del Valle, Roque Sáenz Peña y Lucio Vicente López inició una corriente interna en el partido. Este movimiento derivó en la formación del Partido Republicano, buscando instalar una democracia plena en el país mediante la pureza y libertad de sufragio popular.

El 2 de diciembre de 1877, el Partido Republicano presentó como candidatos a gobernador y vice de Buenos Aires a Aristóbulo del Valle y Leandro Alem, respectivamente. Finalmente, el candidato del P.A.N., Carlos Tejedor, se impuso en unas fraudulentas y violentas elecciones.

La inmediata muerte de Alsina, y las divisiones internas, produjeron poco después la disolución del Partido Republicano. Asimismo, se rompió la alianza con Mitre, tras lo cual el partido se comenzó a reorganizar bajo la figura de los antiguos opositores a Alsina, entre ellos el propio Alem quien en 1879 volvió a ser electo Diputado Provincial.

Desde ese lugar, Alem se opuso fuertemente a la federalización de Buenos Aires y al fraude imperante en la época. Por el primer motivo mantuvo un famoso debate parlamentario con José Hernández. Y, por otro lado, concretada la federalización de la ciudad, Alem decidió renunciar a su banca el 11 de diciembre de 1880 y abandonar la política.

  

Regreso a la lucha

 

Hacia 1889, la oposición al gobierno de Miguel Juárez Celman comenzaba a ser cada vez más fuerte. Diversos grupos de jóvenes y estudiantes, en una de las tantas asambleas que realizaron, decidieron convocar a un gran mitin el 1 de septiembre de 1889 en el Jardín Florida de Buenos Aires. Marcelo Torcuato de Alvear se encargó de la organización del evento, el cual tuvo concurrencia superior a las 3.000 personas.

El 13 de abril de 1890 sucedió lo inevitable: en un masivo acto en el Frontón Buenos Aires los opositores se unificaron en un nuevo partido llamado Unión Cívica del cual Leandro N. Alem fue nombrado presidente. Inmediatamente, se decidió organizar un levantamiento armado para deponer al gobierno y llamar a elecciones libres.

            En poco tiempo había que resolver todo: conseguir armas, sumar adeptos, convencer a oficiales, elegir plan. Acostumbrado en sus campos a no dejar detalles sin analizar, y ninguna tarea sin su control, el romanticismo y la imprevisión de su tío Leandro lograban fastidiar a Yrigoyen. Alem quería que la revolución estallara cuanto antes, mientras que Hipólito sostenía que había que esperar hasta que se sumaran todos los cuerpos del Ejército. Tampoco estaba de acuerdo con la idea de su tío de secuestrar al Presidente y a sus ministros en la velada del 9 de Julio que se celebraría en la Ópera o en el Politeama. Y mucho menos con el disparate de suministrarle narcóticos a los jefes que se opusieran a la salida de sus tropas, aunque fueran recetados por su médico, el doctor Martín Torino.

            

El “Gran Día”

 

Alem logró el apoyo del regimiento 1º de Infantería, el 1º de Artillería, el 5º de Infantería, el Batallón de Ingenieros, una compañía del 4º y un grupo de cadetes del Colegio Militar.

Además, obtuvo para la revolución el apoyo del general de brigada Domingo Viejobueno, jefe del Parque de Artillería ubicado en la Plaza Lavalle, a poco menos de mil metros de la Casa Rosada. Al frente de la revolución fue designado el general Manuel J. Campos.

El sábado 26 de julio, a las 4 de la mañana, Leandro N. Alem, al mando de un regimiento cívico armado, tomó el estratégico Parque de Artillería. Por su parte las tropas leales comenzaron a agruparse desde muy temprano, debido a que varios funcionarios del gobierno se enteraron a primera hora de la sublevación.

Cuando se hallaban reunidas las tropas revolucionarias, en vez de atacar las posiciones del gobierno y tomar la Casa Rosada, cambiando el plan establecido, el general Campos dio la orden de permanecer en el interior del Parque.

A pesar de los cuestionamientos, Alem terminó aceptando el cambio hecho por el General sin plena conciencia de que afectaba las posibilidades de éxito de la revolución.

Se luchó hasta el 29 de julio cuando fue firmado el cese de fuego. Sin embargo los cantones se negaron a desarmarse y continuaron luchando.

Aunque la “Revolución del Parque” no logró su cometido, fue un gran triunfo político para la Unión Cívica, ya que el presidente Miguel Juárez Celman se vio obligado a renunciar y en su lugar asumió el vicepresidente, Carlos Pellegrini, mucho más moderado que el primero.

  

Leandro N. Alem en el Azul

  

            A fines de 1890, se había formado en nuestra ciudad el comité local de la Unión Cívica, presidido por el hacendado Eufemio Zavala y García, comité que pronto se escindiría en dos sectores: “cívicos nacionales” y “cívicos radicales”, tal como sucedería a nivel nacional.

            En dicho sentido, el periódico azuleño “El Pueblo”, en su edición del 5 de septiembre de 1890, informaba: El Dr. Alem en el Azul. –Un telegrama del Sr. Alejandro Brid dirigido ayer al comité local de la Unión Cívica, dice que el doctor Alem le ha prometido venir al Azul, el día que se lo indiquen. De modo que una vez que se instale definitivamente el comité y se designe el día de la proclamación tendremos el alto honor de hospedar en el Azul al ilustre jefe de la Unión Cívica de Buenos Aires. Bienvenido.”.

En octubre de aquel año, Leandro N. Alem llegó en tren al Azul con la intención de organizar al Partido. Al mismo tiempo, visitó la estancia de su amigo y médico personal, el doctor Martín Torino, quien desde 1889 administraba “San Nicanor”, uno de los campos de la familia de su futura esposa, Elena Acosta.

Pero, la visita del líder político alteró muy poco la vida política local, firmemente controlada desde hacía un tiempo por los hermanos Evaristo y Manuel Toscano, caudillos que habían instaurado una “cuasi” dictadura en la localidad, contando con la complicidad del Juez de Paz y de la policía.

  

Ruptura de la Unión Cívica

  

En las elecciones legislativas del 15 de marzo de 1891, Alem fue electo Senador Nacional junto a Aristóbulo del Valle.

Para las elecciones presidenciales de 1892 la Unión Cívica proclamó la fórmula Bartolomé Mitre - Bernardo de Irigoyen. Sin embargo, Julio Argentino Roca (líder indiscutido del P.A.N.), acordó con Mitre una fórmula de unidad nacional encabezada por este último y desplazando a Irigoyen.

Al enterarse del acuerdo, Alem se opuso fuertemente. Esto llevó a la división de la Unión Cívica el 26 de junio de 1891. Por un lado quedaron los acuerdistas, encabezados por Mitre, en la Unión Cívica Nacional; y por el otro, los anti-acuerdistas, liderados por Alem, formando la Unión Cívica Radical.

A mediados de 1892 se realizaron las elecciones presidenciales en medio de un fraude descomunal. Inmediatamente, la U.C.R. tomó la decisión de organizar un nuevo levantamiento armado. Alem comenzó a hacer hincapié en la intransigencia radical hasta constituirla en un principio de su acción política. En este punto comenzaron a surgir las primeras diferencias con su sobrino y discípulo, Hipólito Yrigoyen, quien se mostraba más pragmático.

 

 La Revolución Radical del ’93

  

A principios de julio de 1893 se realizó una importante reunión entre el ministro del Interior, el cívico Aristóbulo Del Valle, Leandro N. Alem y Bernardo de Irigoyen. Los dos líderes radicales se esforzaron por convencer a Del Valle para que diera un golpe de Estado y asumiera el gobierno con el apoyo del radicalismo. El ministro se negó para “no sentar un funesto precedente”. Fracasada esta gestión la Unión Cívica Radical se lanzó a la lucha revolucionaria.

En su campo “El Trigo”, ubicado en el Partido de Las Flores, Hipólito Yrigoyen se había retraído un tiempo atrás pergeñando su revolución contra un régimen político fraudulento y autoritario que, según su visión, hundía al país en una profunda crisis política, social y económica. Tras un importante esfuerzo logró reunir un gran número de hombres a quienes se ocupó de armar.

La Revolución del ’93 fue la primera en concretarse en la provincia de Buenos Aires y comenzó, tal como lo había decidido el “Peludo”, con la toma de la ciudad de Azul, el 30 de julio de 1893. Aquel frío día invernal Yrigoyen llegó en tren con una considerable fuerza revolucionaria armada con la cual buena parte del pueblo azuleño hizo causa común “porque el gobierno municipal era un semillero de escándalos y latrocinios” de la mano de los hermanos Toscano.

Las autoridades municipales y los toscanistas se atrincheraron en el Palacio Municipal. Sin embargo, pronto debieron deponer su actitud…

Con el doctor Isidoro Sayús en la Intendencia y Luis Aldaz en la Comisaría, Yrigoyen, la Junta Revolucionaria y la tropa radical pasaron a almorzar en la cancha de pelota de Miguel Olasagasti. Luego, Yrigoyen se fue tan silencioso como había llegado…

Tras pasar por Sierra Chica, los revolucionarios se dirigieron a Olavarría, que había sido tomada por el Dr. Ángel Pintos, a quien Yrigoyen, tras varias negociaciones, dejó al frente de la situación aunque no era radical. Dominada la ciudad vecina, las numerosas fuerzas, engrosadas con la policía de los sitios tomados, partieron a Temperley.

La revolución que se había iniciado simultáneamente en más de ochenta ciudades, triunfó en todas partes de la provincia. El ejército radical llegó a contar con 8.000 hombres bien armados bajo el mando directo de Marcelo Torcuato de Alvear. El día 8 de agosto tomaron la Capital e instalaron como Gobernador provisorio a Juan Carlos Belgrano (vinculado familiarmente a Azul).

Cuando ya se celebraba el triunfo de la Revolución, sus dirigentes cometieron varios errores… El 25 de agosto de 1893 el Comité Provincia de la Unión Cívica Radical decidió entregar las armas. Aparentemente la Revolución había fracasado. Sin embargo, había encendido la voz de alarma en el seno del régimen fraudulento gobernante, el cual haría su mayor esfuerzo para perpetuarse en el poder, pero no lo lograría por mucho más tiempo…

  

La insistencia de Alem

  

Mientras tanto, en Corrientes, el 14 de agosto, dos días después de la renuncia de Aristóbulo del Valle, una revolución radical derrocó al gobernador, y si bien fue inmediatamente intervenida, el gobierno revolucionario resistió. Este hecho hizo que Leandro N. Alem considerase que, lejos de haber sido derrotada, la revolución estaba todavía latente y solo faltaba una chispa que la reactivase. Por lo que decidió iniciarla él, encabezando la toma de la ciudad de Rosario. Pero Hipólito Yrigoyen consideró que el levantamiento de su tío era meramente emocional, y negó el apoyo del radicalismo de la provincia de Buenos Aires. Esto fue considerado una traición por el resto del partido.

El comandante radical Bello sublevó sus tropas en Tucumán y el 7 de septiembre impuso un gobierno revolucionario. Mariano Candioti, con un ejército compuesto por civiles y militares, volvió a sublevarse en Santa Fe el 24 de septiembre. Ese mismo día, Alem llegó a Rosario escondido en un buque de carga. La población lo recibió como un héroe y fue proclamado Presidente de la Nación en una gran asamblea popular, siendo de esta forma el Presidente Revolucionario de Santa Fe, Tucumán y Corrientes.

Sin embargo… El 25 de septiembre, cayó el gobierno revolucionario de Tucumán después de ser derrotado por un poderoso ejército al mando de Carlos Pellegrini. El 26, luego de dos días de cruentas luchas, cayó el gobierno revolucionario de Santa Fe, que prácticamente controlaba toda la provincia.

Una vez vencida la revolución en todo el país, Roca se puso al mando de las tropas oficiales que se concentraban en Rosario para acabar con Leandro N. Alem.

La situación del cabecilla de la revolución se volvió desesperante, ya que estaba rodeado y Roca amenazaba con bombardear la ciudad si los revolucionarios no se rendían. Haciendo honor a su intransigencia, inicialmente Alem decidió resistir a toda costa, pero las mujeres y las comisiones de vecinos le pidieron que salve a la ciudad, tras lo cual decidió no combatir.

El 1 de octubre Alem fue capturado y encerrado con cientos de revolucionarios, para permanecer preso por seis meses.

 

 Que se rompa, pero que no se doble…

  

Fallido el intento revolucionario, la Unión Cívica Radical se dividió entre “los rojos”, que apoyaban la conducción de Alem, y “los líricos” que apoyaban la interpretación de Yrigoyen respecto de la toma del poder.

El radicalismo se presentó para las elecciones legislativas de 1894 donde, pese al fraude, logró acceder a algunas bancas. Alem resultó electo Diputado Nacional para el período 1895-1898. Sin embargo esto no revirtió el estancamiento en el que estaba cayendo el partido.

En la fría y lluviosa mañana del 1 de julio de 1896, Alem se reunió en su casa con varios amigos, entre ellos el Dr. Martín Torino, a los que había convocado para hablar supuestamente de temas políticos. En un momento dado interrumpió el diálogo e ingresó a su dormitorio para salir al rato vestido con su sombrero y su tradicional poncho de vicuña en el cuello. Prometió volver en pocos minutos, y se subió a su carruaje rumbo al Club del Progreso. Durante el trayecto se disparó un tiro en la sien…


            En su dormitorio se encontró un sobre bajo el rótulo “Para publicar”. El texto comenzaba con una frase que marcaría a las nuevas generaciones del radicalismo: “He terminado mi carrera, he concluido mi misión. Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. ¡Sí, que se rompa, pero que no se doble! (…).”.