martes, 11 de marzo de 2025

Raúl Alfonsín, el Padre de la Democracia



 El 15 de octubre de 1857, Serafín Alfonsín Feijóo nació en el pequeño municipio de Ribadumia que se halla situado al Oeste de la Comunidad Autónoma de Galicia, cerca del litoral de la provincia de Pontevedra, formando parte de la comarca de O Salnés. Sus padres fueron José Alfonsín Cores y María Feijóo Barreiros, quienes tuvieron otros siete hijos: Josefa, María, Rosa, Esperanza, Román, Antonio y Francisco.

La familia estaba radicada en Casaldarnos, una pequeña y pobre aldea en Ribadumia. La población vivía casi exclusivamente de la agricultura y de la ganadería y se veía obligada a practicar una economía que apenas podía llamarse de subsistencia.

Cuando tenía quince años, Serafín abandonó su hogar paterno huyendo de la pobreza. Sólo Esperanza  y Antonio se quedaron en Ribadumia. En definitiva, cinco hermanos hicieron las maletas y se fueron a Argentina, mientras que Román partió hacia Brasil, aunque al poco tiempo regresaría a Galicia.

Después de casi un mes de travesía, el barco los dejó en el destino soñado.

Serafín se instaló en Chascomús. Dicho pueblo del interior bonaerense se había convertido en las últimas décadas del siglo en una ciudad cosmopolita, paso obligado de las mensajerías, a poco más de cien kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. La Plaza de la Estación supo ser el centro de reunión de las carretas y diligencias, y a su alrededor nacieron numerosas fondas y hoteles. Aquél joven inmigrante abrió un almacén en el que se despachaban todo tipo de productos, conociendo inmediatamente la prosperidad.

El 24 de diciembre de 1898, contrajo matrimonio con la chascomusense María Cecilia Ochoa Rodríguez (nacida el 1 de agosto de 1878). La pareja tuvo siete hijos: Serafín Raúl (12 de octubre de 1899), Norberto Lucio (6 de mayo de 1901), Rodolfo Juan (26 de junio de 1903), Enrique Celestino (6 de abril de 1905), María Angélica (5 de septiembre de 1906), Luis Delfín (24 de diciembre de 1908) y Ernesto Ignacio (31 de julio de 1915).

El primogénito, Serafín Raúl, que continuó con el comercio de Chascomús, aunque también tuvo la oportunidad de estudiar Derecho, el 3 de mayo de 1926 se unió en matrimonio con Ana María Foulkes Iseas (nacida en Chascomús el 22 de agosto de 1906), con quien pronto tuvo seis hijos: Raúl Ricardo, Ana María, Luis Ramiro, Silvia, Fernando Serafín y Guillermo Lucas.


La construcción del hombre político


 Raúl Ricardo Alfonsín nació en Chascomús, el 12 de marzo de 1927.

Realizó sus estudios primarios en la Escuela Normal Regional de Chascomús y los secundarios en el Liceo Militar General San Martín, de donde egresó con el grado de subteniente de reserva.

Estudió Ciencias Jurídicas en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires recibiéndose de abogado en 1950. Poco antes, el 4 de febrero de 1949, se había unido en matrimonio con con María Lorenza Barreneche (1926-2016) con quien tendría 6 hijos: Raúl Felipe (1949), Ana María (1950), Ricardo Luis (1951), Marcela (1953), María Inés (1954) y Javier Ignacio (1956).

El mismo año en que se recibió de abogado, inició su actuación política en Chascomús, sumándose al Movimiento de Intransigencia y Renovación de la Unión Cívica Radical, donde además participó de la fundación del diario “El Imparcial”.

Con apenas 27 años de edad, en 1954, fue elegido concejal en Chascomús, sin embargo, tras la irrupción de la autodenominada “Revolución Libertadora”, fue encarcelado brevemente en 1955.

En 1958 fue electo diputado provincial por Buenos Aires y diputado nacional durante el gobierno radical de Arturo Illia entre 1963 y 1966, en el cual fue vicepresidente del Bloque de Diputados Nacionales de la Unión Cívica Radical del Pueblo. Finalmente, en 1965 fue elegido presidente del Comité Provincia de Buenos Aires de la U.C.R.P.


 Balbino Zubiri, el elocuente orador


En 1966, el azuleño Dr. Balbino “Balito” Pedro Zubiri fue designado Secretario del Comité Provincia de la U.C.R. en momentos en que era presidente del mismo el Dr.  Alfonsín, con quien entabló una estrecha amistad, compartiendo un sinfín de conceptos e ideales políticos que llevaron a la práctica en beneficio del Partido y en definitiva del pueblo, que por entonces buscaba en la democracia la salida para los complejos entramados de los sucesivos golpes de Estado que marcaron la historia nacional.

Asimismo, Zubiri fue un hombre de consulta, moderado en sus consejos y un excelente dirigente que supo participar activamente en la reorganización de la U.C.R., siendo quien muchas veces hablaba antes que el Dr. Alfonsín en los actos partidarios.

Por entonces, en las filas internas de la Unión Cívica Radical, se comenzaron a barajar dos nombres como posibles candidatos a Gobernador de Buenos aires. Por un lado, el Dr. Raúl Alfonsín y, por otro, el azuleño  Dr. Alfredo Prat, que con su gestión al frente del Banco de la Provincia de Buenos Aires había descollado en el gabinete bonaerense. Lamentablemente todo quedó en simples hipótesis, truncado por el Golpe de Estado de la autoproclamada “Revolución Argentina”, que llevó al poder al general Juan Carlos Onganía.

El 17 de noviembre de 1966, Alfonsín fue nuevamente detenido por un breve tiempo, justamente por haber reabierto el Comité de la Provincia. 


Movimiento de Renovación y Cambio


Alfonsín estrechó sus contactos con los sectores de centro-izquierda, como el socialismo dirigido por su amigo Guillermo Estévez Boero, y comenzó a desarrollar un pensamiento socialdemócrata dentro del radicalismo que tendría un considerable impacto en la juventud.

Fiel a sus ideales, rechazó cualquier chance de sumarse a la lucha armada (a la que tendían algunos sectores de la juventud), ofreciendo amablemente un canal pacífico de militancia de centro-izquierda. Así, apoyó la consigna “Elecciones libres y sin proscripciones”, como alternativa a “Ni golpe ni elección: revolución”.

La actividad política vedada obligó a Alfonsín a expresar su oposición a la dictadura y difundir sus argumentos a través de su actividad periodística como columnista de la revista “Inédito” de Mario Monteverde y enviando artículos a otros semanarios bajo el seudónimo de Alfonso Carrido Lura (casi un anagrama de su propio nombre).

Entre 1971 y 1972, los jóvenes radicales de la Junta Coordinadora Nacional y Franja Morada, que habían mantenido una militancia activa contra la dictadura militar, comenzaron a acercarse a Alfonsín. De este modo el alfonsinismo comenzó a definirse como línea interna progresista frente al balbinismo-unionismo que expresaban una actitud conservadora dentro de la Unión Cívica Radical.

En septiembre del ’72, en Rosario, se creó el Movimiento Renovador Nacional, reclamando un programa de carácter nacional, popular, democrático y liberador, y proclamando a Raúl Alfonsín como precandidato presidencial en las internas de la U.C.R.

En Azul, como principal articulador actuó el doctor Zubiri, quien acompañado de su amigo, Juan Rafael Martínez, emprendió la dura lucha de transmitir las nuevas ideas que promovía Alfonsín. A ellos se sumaron Alfredo Filippini, César Luis Martínez y otros jóvenes, que comprendieron la prédica del adalid de la nueva corriente interna del radicalismo. Justamente, César Luis Martínez fue elegido el primer Presidente de esa tendencia, lo que le facilitó un trato inmediato, fraternal y personal con Alfonsín.

Finalmente, a nivel nacional, se impuso el balbinismo-unionismo, en tanto que el alfonsinismo obtuvo la minoría. Justamente, por haber superado el 25% que la carta orgánica partidaria exigía para que la minoría obtuviese representantes, esto posibilitó que, además del propio Alfonsín, entre otros, el azuleño Balbino Zubiri integrara la lista de la U.C.R. como candidato a diputado provincial para los comicios del 11 de marzo de 1973, en los que a la postre resultaron electos.

Poco después, en mayo, Alfonsín creó el Movimiento de Renovación y Cambio, con una posición sumamente crítica a la estrategia de unidad nacional del balbinismo, en contra de todo acuerdo con el peronismo, y con un programa de izquierda socialdemócrata que proponía la reforma agraria, una nueva reforma universitaria, la democratización del sindicalismo y el establecimiento de una democracia social.

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y Malvinas

El 18 de diciembre de 1975, tres meses antes del golpe militar que dio inicio al nefasto “Proceso de Reorganización Nacional”, Raúl Alfonsín fue una de las personalidades que fundaron la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (A.P.D.H.). Esta asociación fue la primera creada en Argentina para hacer frente a las violaciones sistemáticas de los derechos humanos que en aquella época comenzaron con la actividad de la Alianza Anticomunista Argentina (“Triple A”).

Su primera reunión se llevó a cabo durante el mes de diciembre de 1975 en la Casa de Ejercicios Espirituales que dependía de la Iglesia de la Santa Cruz y fue convocada por Rosa Pantaleón y asistieron el obispo de Neuquén Jaime de Nevares, el rabino Marshall Meyer, el obispo Carlos Gatinoni, Alicia Moreau de Justo, Oscar Alende, Susana Pérez Gallart, Adolfo Pérez Esquivel, Alfredo Bravo y Raúl Ricardo Alfonsín.

A pesar del enorme riesgo que significaba, durante la dictadura militar, Alfonsín puso gratuitamente sus servicios como abogado para defender opositores y presentar hábeas corpus por los detenidos-desaparecidos. Asimismo, realizó diversos viajes en los cuales frecuentó a los dirigentes de la Internacional Socialista (IS), denunciando la masiva violación de derechos humanos que se estaba produciendo en Argentina.

En 1976 fundó y dirigió la revista “Propuesta y Control”, una de las escasas publicaciones políticas opositoras en aquellos primeros años del gobierno militar. 

Saliendo de la noche más oscura…  


Raúl Ricardo Alfonsín se opuso férreamente a la Guerra de Malvinas, solicitando información veraz sobre lo que sucedía en las islas, y sosteniendo que la finalidad del conflicto era lograr el fortalecimiento de la dictadura.

Debilitado el “Proceso…” tras la derrota bélica, con la disminución de la autocensura de la prensa, se inició en 1982 la transición a la democracia bajo la presidencia del general Reynaldo Bignone.

Alfonsín se convirtió en presidente de la Unión Cívica Radical al imponerse el “Movimiento de Renovación y Cambio” en las elecciones internas. Poco después, fue elegido candidato a presidente de la Nación, cuando Fernando de la Rúa, declinó su candidatura. Como compañero de fórmula fue nominado Víctor Hipólito Martínez.

Existía entonces, incluso entre los propios dirigentes radicales, un generalizado sentimiento de que el peronismo, con su candidato Ítalo Luder, sería un claro ganador.

Un punto clave de la campaña electoral fue la denuncia del denominado “Pacto militar-sindical”, un supuesto acuerdo entre representantes de los sindicatos (léase el centro neurálgico del partido peronista en ese momento) y los militares en vías de abandonar el poder. De esta manera, Alfonsín logró ligar a su principal oponente con el pasado inmediato, con el conflictivo periodo 1974-1976 y con la dictadura.

Durante la campaña, Alfonsín buscó sobre todo transmitir una imagen de paz, evitando cuidadosamente todo conflicto, gestos de violencia en los actos o discursos agresivos. Para acentuar la importancia de su mensaje democrático eligió para cerrar sus discursos en los actos el Preámbulo de la Constitución Nacional. En cambio, el cierre de campaña del P.J. se destacó por la quema de un ataúd con las siglas de la U.C.R., acción que contribuyó a la derrota del Peronismo por primera vez en elecciones libres.

Durante julio de 1983, el Dr. Ricardo Alfonsín visitó Azul en el marco de su campaña presidencial.

Las elecciones se realizaron el 30 de octubre de 1983. Alfonsín triunfó obteniendo el 51,7 % de los votos frente al 40,1 % alcanzado por su oponente.  

“Con la democracia…”  

Raúl Ricardo Alfonsín asumió el 10 de diciembre de 1983, dándose una gran concentración popular en la Plaza de Mayo, pero en lugar de saludar desde los balcones de la Casa Rosada, el flamante Presidente habló desde el Cabildo.

La situación económica y social en la que asumió el gobierno era realmente desfavorable, interna y externamente. En aquél primer momento Alfonsín y la mayor parte de la Unión Cívica Radical básicamente consideraban que la vigencia de las instituciones democráticas garantizaba que la economía diera respuesta a las necesidades de la población. De entonces proviene una frase recordada que repitió durante toda la campaña electoral: “Con la democracia se come, se educa y se cura”.

El gobierno en su diagnóstico de la crisis consideró que los problemas económicos eran menos significativos que los políticos. Creía que lo fundamental era eliminar el autoritarismo y encontrar los modos auténticos de representación de la voluntad ciudadana. Se propendió a la libertad de expresión, a la libertad de opinión, se buscó una sociedad de participación, el pluralismo y el rechazo de los dogmatismos.

El 15 de diciembre de 1983 Alfonsín sancionó los Decretos 157/83 y 158/83. Por el primero se ordenaba enjuiciar a los dirigentes de las organizaciones guerrilleras E.R.P. y Montoneros; por el segundo se ordenaba procesar a las tres juntas militares que dirigieron el país desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de las Malvinas. El mismo día creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), integrada por personalidades independientes como Ernesto Sábato, Magdalena Ruiz Guiñazú, Graciela Fernández Meijide, entre otros, con la misión de relevar, documentar y registrar casos y pruebas de violaciones de derechos humanos, para fundar el juicio a las juntas militares.

El mismo día, el Presidente envió al Congreso un proyecto de ley declarando nula la Ley de Autoamnistía Nº 22.924 dictada por el gobierno militar. Una semana después el proyecto fue sancionado como Ley Nº 23.040, la primera ley de la nueva etapa democrática.

Entretanto, siete días después de asumir, Alfonsín abrió la confrontación con los sindicatos, enviando al Congreso un proyecto de reforma sindical conocido como “Ley Mucci”, con el objetivo de incluir a las minorías en los organismos de dirección de los sindicatos. El proyecto fue aprobado por la Cámara de Diputados pero rechazado por la Cámara de Senadores, dominada por la oposición peronista que controlaba la CGT.

Tomado como un desafío, el proyecto tuvo el efecto de unir rápidamente a todos los sectores sindicales, y establecer una lógica de confrontación entre el gobierno radical y los sindicatos, que se expresará en 13 huelgas generales organizadas por la CGT. Estas huelgas fueron calificadas como políticas, ya que eran utilizadas por el Partido Justicialista para entorpecer la acción gubernamental. Vale aclarar que en los seis años del gobierno radical se realizaron, además, casi 4.000 huelgas sectoriales.

El 20 de septiembre de 1984, la CONADEP produjo su conocido informe titulado “Nunca Más”.​

El 4 de octubre la Cámara Federal, un tribunal civil, tomó la decisión de desplazar al tribunal militar que estaba enjuiciando a las juntas para hacerse cargo directamente del juicio. Los fiscales fueron Julio César Strassera y Luis Gabriel Moreno Ocampo. El juicio se realizó entre el 22 de abril y el 14 de agosto de 1985, tratándose 281 casos.

El 9 de diciembre de 1985 se dictó la sentencia condenando a Jorge Rafael Videla y a Eduardo Massera a reclusión perpetua, a Roberto Viola a 17 años de prisión, a Armando Lambruschini a 8 años de prisión y a Orlando Ramón Agosti a 4 años de prisión. La condena a las juntas militares realizada por el gobierno democrático constituyó un hecho sin precedentes en el mundo.

Ante la permanente amenaza de diversos sectores de las Fuerzas Armadas que se negaban a aceptar el enjuiciamiento por violaciones a los derechos humanos, Alfonsín se vio forzado a intentar mantener bajo control la situación interviniendo ante el Congreso para que sancione la Ley de Punto Final, imponiendo con ella un plazo de 60 días para procesar a acusados de delitos de lesa humanidad cometidos durante el gobierno militar.

La ley no fue suficiente y en la Semana Santa de 1987 se produjo una gran rebelión militar compuesta mayoritariamente por jóvenes oficiales que se denominaron “carapintadas” dirigidos por el teniente coronel Aldo Rico.

Millones de personas salieron a las calles para oponerse al alzamiento militar y la C.G.T. declaró una huelga general en defensa del gobierno constitucional. Durante varios días el país estuvo al borde de una guerra civil.

Al darse cuenta que no contaba con fuerzas leales (o eran demasiado escasas), el propio Alfonsín concurrió, el 30 de abril, a Campo de Mayo a reducir a los insurrectos. Horas después anunció, que los amotinados habían depuesto su actitud, con un discurso a la multitud reunida en la Plaza de Mayo, al que culminó con una frase memorable: “¡Felices Pascuas (...) la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina!”. Algunos interpretaron un acto de claudicación. Otros el freno a una masacre.

Alfonsín negoció con los líderes militares “carapintadas” la garantía de que no habría nuevos juicios contra militares por violación de derechos humanos. Esas medidas se concretaron en la Ley de Obediencia Debida y algunos cambios en la cúpula militar. Desde entonces, el Presidente debió enfrentar otras dos insurrecciones militares el 18 de enero y el 1 de diciembre de 1988 y un permanente estado de insubordinación de las Fuerzas Armadas.

Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida fueron objetos de fuertes cuestionamientos por parte de las organizaciones de derechos humanos, el movimiento estudiantil y las fuerzas políticas progresistas, incluidos sectores internos del radicalismo como la Juventud Radical y Franja Morada. 

 Volver a las raíces… 


Aunque apenas tenía seis años cuando Serafín falleció -el 9 de septiembre de 1933-, Raúl Ricardo Alfonsín jamás olvidó la historia de su abuelo ni sus orígenes gallegos. Por esa razón, cuando conoció al alcalde de Lalín, José Cuiña, a través de dirigentes del Centro Lalín en Buenos Aires, prometió que si ganaba las elecciones de 1983 durante su primer viaje oficial visitaría Ribadumia y Lalín. Y lo cumplió.

El 14 de junio de 1984 pasó por Santiago de Compostela y luego Lalín. En éste último, Raúl Alfonsín fue recibido por el presidente de la Xunta, Gerardo Fernández Albor; el alcalde, José Cuiña; el delegado del Gobierno, García Sabell, y una enorme multitud de personas que salieron a la calle para vivar al dirigente que había encontrado en el Centro Lalín de Buenos Aires el lugar idóneo para realizar las reuniones clandestinas de su partido durante la dictadura.

Ese día se cerraron los comercios, se suspendieron las clases en los colegios y miles de personas gritaban en las inmediaciones de la Praza do Concello: “Lalín-Alfonsín”. Además, la capital del Deza estuvo repleta de banderas de España y Argentina.

Al día siguiente fue recibido en el campo de fútbol de A Senra por toda la corporación municipal de Ribadumia, presidida entonces por José Ramón Barral.

Tras los actos oficiales decidió trasladarse en helicóptero a Casaldarnos, la pequeña aldea de donde había partido su abuelo y donde aún hoy residen familiares (aunque ya no conservan el apellido Alfonsín). En un improvisado discurso el entonces Presidente argentino aseguró “… De esta casa partió hacia Argentina mi abuelo. Él no pudo volver. Llegaron sin embargo mis padres a saludarla. No pueden volver tampoco. Así que me siento, además de emocionado, como si estuviera tocando en estos muros modestos y humildes un pedazo de historia que adquiere vida en el afecto que ustedes nos ofrecen. (…)”.

Aquella no fue la última visita de Raúl Alfonsín a la tierra de su abuelo… 


Política internacional e integración con Brasil


Alfonsín sostuvo una activa política internacional implementada por su ministro de Relaciones Exteriores, Dante Caputo, el único que se mantuvo durante casi todo su mandato. Las prioridades fueron fortalecer el sistema democrático en Argentina, impulsar el proceso de democratización regional, resolver las cuestiones limítrofes, generar mayor capacidad negociadora regional frente a las grandes potencias y promover la integración subregional.

Para Alfonsín garantizar la paz con Chile fue una cuestión prioritaria desde el momento de asumir. La persistencia del conflicto era un factor de fortalecimiento del militarismo en ambos países, y por lo tanto una amenaza inmediata a la democracia argentina.

En 1983 el papa Juan Pablo II presentó una segunda propuesta de solución ya que la primera había sido rechazada por Argentina. Alfonsín estimó necesario entonces cerrar el conflicto aceptando. Como primera medida, Alfonsín firmó en la Ciudad del Vaticano, el 23 de enero de 1984, una Declaración Conjunta de Paz y Amistad en la que los dos países se comprometían a alcanzar una solución “justa y honorable” para el conflicto, “siempre y exclusivamente por medios pacíficos”.

Ante lo que podía ser el cuestionamiento de los sectores nacionalistas, Alfonsín buscó construir un fuerte consenso interno que le permitiera aprobar la propuesta de la Santa Sede y al mismo tiempo evitar el fortalecimiento de los militares golpistas en ambos países. Existía el peligro cierto de que la mayoría peronista en el Senado rechazara la propuesta.

Después de algunos acuerdos políticos, el Presidente convocó a una consulta popular no vinculante, pero que presionara a los senadores. En esas condiciones se produjo el famoso debate televisivo entre Dante Caputo y Vicente Saadi que tuvo un impacto decisivo. El 25 de noviembre de 1984 se realizó el plebiscito y triunfó el “SI” con un apoyo del 81,32%. Cuatro días después, el 29 de noviembre de 1984 se firmó el Tratado de Paz y Amistad con Chile.

La preocupación del gobierno de Alfonsín por promover mecanismos multilaterales y de integración supranacional, lo llevó también a promover la integración comercial entre Argentina y Brasil, uno de los casos de enfrentamiento internacional más persistentes del mundo.

A mediados de la década, Alfonsín ordenó a su Canciller iniciar el proceso de integración subregional. Así, a principios de 1985, Alfonsín propuso al presidente electo del Brasil, Tancredo Neves, iniciar un proceso de integración económica entre Argentina y Brasil “para fortalecer la democracia, afrontar la deuda externa y posibilitar la modernización productiva” que fue recibida con agrado por el mandatario brasileño. Poco después Tancredo Neves falleció, pero su sucesor José Sarney adoptó con entusiasmo el proyecto de integración, y autorizó al embajador Francisco Thompson Flores una importante compra de trigo argentino en condiciones desventajosas, por razones puramente políticas. A partir de allí el proyecto de integración se desarrolló vertiginosamente.

El 28 de julio de 1985, en una decisión sin antecedentes para su política exterior, Brasil aceptó la propuesta argentina y se incorporó al Grupo de Apoyo a Contadora, junto a Perú y Uruguay.

El 30 de noviembre de 1985 Alfonsín y Sarney suscribieron la Declaración de Foz de Iguazú, piedra basal del Mercosur. En 2004, Argentina y Brasil resolvieron conjuntamente que el 30 de noviembre se celebrara el Día de la Amistad Argentino-Brasileña.

El 29 de julio de 1986 se firmó el Acta para la Integración Argentino-Brasileña. Mediante este instrumento se estableció el programa de Integración y Cooperación entre Argentina y Brasil (PICAB) fundado en los principios de gradualidad, flexibilidad, simetría, equilibrio, tratamiento preferencial frente a terceros mercados, armonización progresiva de políticas y participación del sector empresario.

El 6 de abril de 1988 se firmó el Acta de Alvorada, mediante la cual Uruguay se sumó al proceso de integración regional. Y el 29 de noviembre se celebró el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo entre Argentina y Brasil, por el cual se fijó un plazo de 10 años para la remoción gradual de las asimetrías.

Complementariamente, durante el gobierno de Alfonsín, Argentina y Brasil dieron forma a varios protocolos de integración, para sectores específicos, implementados por su secretario de Industria y Comercio Exterior, Roberto Lavagna.

El proceso se completaría el 26 de marzo de 1991, ya durante las presidencias de Fernando Collor de Mello y Carlos Menem, con la firma del Tratado de Asunción en el que se constituye el Mercosur. 

Cultura, educación y transformaciones sociales 


En 1984, por la ley N° 23.114, el gobierno convocó a un Congreso Pedagógico Nacional para atender las deficiencias del sistema educativo, pero con el verdadero fin de definir si la Educación Pública debía ser Estatal o no Estatal, de lo que dependería si los colegios privados seguirían recibiendo apoyo económico del Estado y si los padres podrían elegir el tipo de educación para sus hijos en escuelas de gestión privada.

La organización del Congreso estuvo encabezada en 1984 por el ministro Carlos Alconada Aramburú y el diputado Adolfo Stubrin, ambos con enfoques estatistas.

Poco después, el gobierno instrumentó un Plan Nacional de Alfabetización (PNA) diseñado por la profesora Nélida Baigorria. El Plan fue exitoso pues los datos del censo de 1980 indicaban un analfabetismo de 6,1%., el cual se redujo al 3,7% para 1991, porcentaje similar al que registraban España y Canadá.​

En 1988, el P.N.A. de Argentina recibió el premio otorgado por la Asociación Internacional de Lectura de la UNESCO.

Asimismo, se reorganizaron las universidades nacionales bajo los principios de la Reforma Universitaria, garantizando la autonomía universitaria plena, el cogobierno entre docentes, estudiantes y graduados y la gratuidad de los estudios de grado. 

 Patria potestad compartida y divorcio  


La patria potestad compartida había sido establecida en Argentina en 1949, mediante la reforma constitucional de ese año. Pero dicha reforma fue derogada por la “Revolución Libertadora” en 1956.

Años más tarde, en 1974 el Congreso volvió a establecer la patria potestad compartida, pero la presidenta María Estela Martínez de Perón vetó la ley.

En 1985, durante el gobierno de Alfonsín se restableció la patria potestad compartida, mediante la Ley 23.264.

Por su parte, en 1954, el presidente Juan Domingo Perón, en su etapa de enfrentamiento con la Iglesia Católica, había impulsado un proyecto de ley de Divorcio que aunque fue aprobado, duró muy poco tiempo pues el mismo golpe de estado que derogó la patria potestad compartida, hizo lo propio con el divorcio.

Más de treinta años después, Alfonsín presentó un proyecto de ley de divorcio que fue sancionado como Ley 23.515 del 8 de junio de 1987.

La Conferencia Episcopal Argentina discutió entonces la posibilidad excomulgar a los legisladores que votaran la ley, pero la idea no prevaleció. El sector más conservador, encabezado por el entonces obispo de Mercedes, el olavarriense Emilio Ogñénovich, organizó una procesión a Plaza de Mayo encabezada por la Virgen de Luján. Ante la escasa cantidad de asistentes, Ogñénovich acusó a los obispos ausentes de haber traicionado el compromiso. Y la Ley siguió vigente… 


 Avanzar hacia el sur… 


En febrero de 1985, Alfonsín reemplazó a su ministro de Economía, Bernardo Grinspun, por Juan Vital Sourrouille con el fin de implementar una política económica que atacara frontalmente la inflación. Asimismo, el 14 de junio se puso en marcha el Plan Austral, por el que se creaba una nueva moneda y entre otras medidas, se congelaban todos los precios de la economía.

En un principio, el Plan funcionó bien y procuró la estabilidad económica que jugó un importante papel en el amplio triunfo electoral del radicalismo en las elecciones parlamentarias de noviembre de 1985. Sin embargo, para el año siguiente, la inflación volvió a mostrar una tendencia ascendente.

Alfonsín implementó el “Plan Alimentario Nacional” (P.A.N.), que se hizo conocido por sus “Cajas P.A.N.”, como solución de emergencia para afrontar el hambre y la pobreza, implementado mediante la distribución de cajas de alimentos a través de los municipios.

El 16 de abril de 1986, Raúl Alfonsín dio desde los balcones del ministerio de economía de la provincia de Río Negro un efusivo discurso donde invitaba a los argentinos a “avanzar hacia el sur, hacia el mar y hacia el frío” y donde anunciaba el traslado de la Capital Federal al área patagónica integrada por las ciudades de Carmen de Patagones (en la Provincia de Buenos Aires), Viedma y Guardia Mitre (ambas en la provincia de Río Negro). Se trataba de un ambicioso proyecto, el cual fue conocido como Proyecto Patagonia, cuyo fin era descentralizar el poder político y económico del país, excesivamente concentrado en el Gran Buenos Aires, promoviendo también el poblamiento del Sur.

El Congreso de la Nación sancionó la Ley Nº 23.512 y creó el Ente para la Construcción de la Nueva Capital Empresa del Estado (ENTECAP), que debía diseñar y planificar la construcción de los edificios donde funcionarían los organismos administrativos del Gobierno y las diferentes obras de infraestructura necesarias para el asentamiento de población.

El proyecto tuvo un enorme rechazo de los sectores ligados a los intereses políticos y económicos de la ciudad de Buenos Aires y de los medios de comunicación porteños, los cuales lo tildaban de “costoso”, “faraónico” e “innecesario”.

Cuando Carlos Saúl Menem asumió la presidencia intentó continuar con el proyecto, pero presionado por los sectores conservadores con quienes se había aliado políticamente, decidió anularlo disolviendo el ENTECAP, liquidando sus bienes y propiedades. La ley de traslado fue derogada por el Congreso mediante la sanción del Digesto Jurídico Argentino. Sin embargo, la Convención Constituyente de 1994, introdujo en el nuevo texto constitucional la posibilidad de trasladar la Capital Federal fuera de la ciudad de Buenos Aires y la provincialización de esta última.  

Los complejos últimos dos años…  


Para 1987 comenzaba a hacerse evidente que era necesaria una reforma económica estructural. En julio, los ministros de Economía, Sourrouille, y de Obras y Servicios Públicos, Terragno, anunciaron conjuntamente un paquete de medidas para la reforma del sector público. El gobierno no pudo avanzar mucho en este plan, en parte por la oposición del peronismo en el Congreso, y en parte porque los partidos políticos populares de entonces, incluida la Unión Cívica Radical, se encontraban sumamente comprometidos con las ideas estatistas y nacionalistas que habían dominado la mayor parte del siglo XX.

Buscando puntos de acuerdo y conciliación, en 1987 Alfonsín cambió su táctica de confrontación con el movimiento obrero y ofreció el Ministerio de Trabajo a uno de los principales dirigentes sindicales del país, Carlos Alderete, secretario general de Luz y Fuerza. Como resultado de este acuerdo, el gobierno de Alfonsín elaboró una nueva Ley Sindical que fue aprobada en 1988 (ley 23.551), con el apoyo unánime de todos los sindicatos y parlamentarios de todos los partidos políticos. En cambio fue cuestionada ante la OIT por la Unión Industrial Argentina (UIA), la principal organización empresarial de la Argentina.

En abril de 1988, Argentina entró en moratoria del pago de su deuda externa. La inflación empezó a crecer. Entonces, en octubre el gobierno de Alfonsín puso en práctica un plan de salvataje, el Plan Primavera, cuyo objetivo primordial era llegar a las elecciones con la economía bajo un mínimo de control. Básicamente consistía en un acuerdo de moderación del aumento de precios con la Unión Industrial Argentina y la Cámara Argentina de Comercio y un nuevo régimen cambiario, en el que el Estado intermediaba en la compra y venta de divisas.

El Plan Primavera duró poco. Los operadores cambiarios lo rechazaron, no generó confianza y adicionalmente a comienzos de 1989, el Banco Mundial suspendió su ayuda a la Argentina. Ante los rumores de inestabilidad, se inició una corrida masiva hacia el dólar. La inflación se disparó en mayo, mes de las elecciones presidenciales, adelantadas intencionalmente por Alfonsín para el domingo 14, debido a la presión de los sindicatos y los grupos económicos.

La hiperinflación de 1989, llevó la pobreza del 25% a comienzos de 1989, al récord histórico de 47,3% en octubre del mismo año.

Alfonsín debía terminar su mandato el 10 de diciembre de 1989. Hasta enero de 1989 la posibilidad de que la Unión Cívica Radical volviera a ganar las elecciones tenía un serio fundamento en las encuestas electorales. Sin embargo, a partir de febrero, el proceso hiperinflacionario destruyó toda posibilidad de triunfo. Algunos hablaron de “Golpe de Mercado”.

Las elecciones se realizaron efectivamente el 14 de mayo en medio del proceso hiperinflacionario y en un clima de desorden y saqueos. Carlos S. Menem triunfó con el 47 % de los votos, frente al 37 % del candidato radical Eduardo Angeloz. En ese mismo mes la inflación alcanzó el 78 % mensual y la pobreza comenzó a crecer de modo exponencial.

El 30 de mayo Alfonsín decretó el estado de sitio. La situación era insostenible y poco después anunció que entregaría el poder en forma anticipada, lo que se realizó el 9 de julio de 1989. 


 Huésped de Honor 


El 18 de enero de 1991 el ex presidente de la Nación visitó nuestra ciudad. En la ocasión, el intendente De Paula lo declaró “Huésped de Honor del Partido de Azul”.


La hora de la triste despedida…

 

El 11 de enero de 1994, Azul despidió los restos de su queridísimo intendente Rubén César “Poliya” De Paula. En el Cementerio Municipal el primero en hablar fue el intendente interino, Dr. Héctor José Rodríguez en nombre de la comunidad, a quien le siguió el diputado nacional Alfredo Ernesto Prat en representación del Comité provincia de la Unión Cívica Radical. Tras él pronunció sus palabras el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires Rafael Edgardo Romá en nombre del gobierno bonaerense, y por último habló el ex presidente de la Nación, Dr. Raúl Ricardo Alfonsín, como presidente del Comité Nacional, pero por sobre todo en su carácter de amigo personal.  


Pacto de Olivos y Constitución de 1994


Luego de la derrota electoral de 1989, Alfonsín había permanecido como presidente de la Unión Cívica Radical.

En las elecciones parlamentarias de 1991 el desempeño del radicalismo fue aún peor que el de dos años atrás. Esto llevó a Alfonsín a renunciar a la presidencia del Comité Nacional, aunque quedó al mando Mario Losada, hombre de confianza del ex presidente.

Alfonsín creó entonces la Fundación Argentina para la Libertad de Información (FUALI) desde donde comenzó a reorganizarse y publicar varios libros de defensa de su gestión.

Luego de otra frustración en las elecciones de octubre de 1993, Alfonsín comprendió que era necesario un enfoque nuevo de todo el proceso y en especial del ya entonces denominado “menemismo”, que se veía cada vez más fortalecido, con un apoyo social generalizado y decidido a reformar la Constitución para permitir su reelección en 1995, aún forzando las normas constitucionales vigentes.

Alfonsín sostuvo entonces que era necesario dialogar y llegar a un acuerdo con el Presidente. A pesar de la oposición de los principales líderes radicales (Angeloz, de la Rúa, Storani e incluso Losada), Alfonsín volvió a ser elegido presidente del Comité Nacional de la UCR en 1993.

El Pacto de Olivos fue un acuerdo para reformar la Constitución Nacional pero estableciendo pautas básicas sobre las condiciones de la reelección del presidente y los contenidos de la reforma. Se acordó no realizar un plebiscito, y aceptar la reelección por una sola vez del presidente en funciones, pero acortando el primer mandato, al mismo tiempo que se acortaron los mandatos de los senadores, se incorporó un tercer senador por la minoría, se estableció la figura del Jefe de Gabinete y el Consejo de la Magistratura para atenuar el presidencialismo, a la vez que se sometían los decretos-leyes a reglas precisas, se incluían varios derechos de tercera y cuarta generación y se daba prioridad a los tratados internacionales sobre las leyes.

A pesar de la oposición de algunos dirigentes, el Comité Nacional de la U.C.R. aprobó el Pacto de Olivos por un 75% de sus miembros.

La Convención Constituyente sesionó en la Ciudad de Santa Fe entre mayo y agosto de 1994 y produjo la importante Reforma Constitucional de 1994 en la que resultaron modificados 43 artículos. El propio Alfonsín fue convencional constituyente.

El Pacto de Olivos tuvo un impacto muy negativo sobre la UCR que en las elecciones de convencionales constituyentes obtuvo el menor porcentaje de su historia hasta entonces (19,9%), y en las elecciones presidenciales de 1995 cayó aún más al 17,1%, constituyendo por primera vez en la historia la tercera fuerza (segunda fue el FREPASO). El desastre electoral le costó a Alfonsín la presidencia de la UCR aunque permaneció en el Comité Nacional como Secretario de Relaciones Internacionales. En esta función, gestionó en 1996 la incorporación de la Unión Cívica Radical a la Internacional Socialista. 

 Democracia y consenso 


Alfonsín escribió numerosos artículos, y los libros: “La cuestión argentina” (1981); “Ahora, mi propuesta política” (1983); “Qué es el radicalismo” (1983); “Memoria Política” (2004) y “Fundamentos de la República Democrática” (2007).

El 9 de julio de 1996, Raúl R. Alfonsín llegó a nuestra ciudad para presentar su libro “Democracia y consenso”. El ex presidente de la Nación, disertó en el Salón Cultural, por invitación de la Universidad Nacional del Centro, cuyo rector, el agrimensor Carlos Nicolini, fue quien lo recibió. La presentación del libro estuvo a cargo del doctor Luis Armando Miralles, amigo personal del ex mandatario.

El intendente Juan Atilio Barberena también fue visitado por el ex mandatario nacional a quien en la ocasión se le brindó un reconocimiento. 


La Alianza 


La caída electoral de la UCR y la evidencia de que Menem buscaba un tercer mandato, incluso forzando la letra de la nueva Constitución llevó a Alfonsín a acercarse al FREPASO. El 3 de agosto de 1997, se concretó “La Alianza” entre el FREPASO y la UCR, en una reunión celebrada en la casa de Federico Gabriel Polak, vocero y portavoz del Presidente de la Nación. Para dirigirla se constituyó una mesa de cinco miembros, “El Grupo de los Cinco” (Raúl Alfonsín, Carlos "Chacho" Álvarez, Fernando de la Rúa, Graciela Fernández Meijide y Rodolfo Terragno). La Alianza obtuvo un notable triunfo en las elecciones parlamentarias de 1997, alcanzando el 45% de los votos en todo el país y ganando incluso en la Provincia de Buenos Aires, cuya lista de diputados nacionales encabezó Graciela Fernández Meijide, figura ascendente del FREPASO.

En 1998, el presidente Carlos Menem inició una confusa campaña para que se permitiera su tercer mandato, que incluía la posibilidad de un plebiscito o una autorización especial de la Corte Suprema. Ante ello Alfonsín reaccionó advirtiendo de que en ese caso la Alianza llamaría a la desobediencia civil, porque implicaría un golpe institucional. Finalmente, el 10 de marzo de 1999, la Cámara de Diputados declaró que Menem no podía ser reelecto nuevamente. ​

El 17 de junio Alfonsín sufrió un grave accidente automovilístico, en el que se temió por su vida, pero del que se recuperó más rápido de lo esperado. ​

En las elecciones presidenciales del 24 de octubre de 1999 triunfó el candidato presidencial de la Alianza, Fernando de la Rúa.

En noviembre, Alfonsín fue designado vicepresidente de la Internacional Socialista y en diciembre elegido por unanimidad presidente del Comité Nacional de la UCR.

Mantuvo un rol de intermediario entre las diversas y heterogéneas fuerzas que componían la Alianza, con el fin de preservar su unidad. Sin embargo, a medida que el Presidente de la Nación acentuaba su alianza con los sectores más conservadores, Alfonsín fue tomando distancia del gobierno.  


En Azul reivindicando el Mercosur 


Los ex presidentes de Argentina y Brasil, Raúl Ricardo Alfonsín y José Sarney, el 28 de septiembre de 2000, reivindicaron al bloque del Mercosur al cumplirse 15 años de su creación. Las actividades se inscribieron en el marco de las Segundas Jornadas Nacionales de Integración, organizadas por la facultad de Derecho de la universidad bonaerense, con motivo del aniversario de la firma del Acta de Foz Iguazú, que inició el proceso de agrupación económica de los países de la región Mercosur.

Ambos ex mandatarios, recibieron en nuestra ciudad el título Honoris Causa que otorga la Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires.

La ceremonia se realizó por la tarde en el Palacio Municipal y finalizó con un brindis por la integración en el Colegio de Abogados.

Por la mañana, habían sido recibidos por el entonces presidente Fernando de la Rúa, con quien habían coincidido en la necesidad de “relanzar” el bloque regional. Alfonsín sostuvo que “un proyecto de esta naturaleza no se hace sin problemas” y destacó que “no tenemos la visión de empobrecernos juntos, sino la visión de crecer” y de inmediato insistió en que “Brasil y Argentina creceremos juntos”, al estimar que “se superarán las dificultades”.  


La más dura de las crisis… 


 En las elecciones parlamentarias de octubre de 2001, Raúl Ricardo Alfonsín resultó elegido senador por la minoría de provincia de Buenos Aires.

En medio de una gravísima crisis económica y con un contexto de creciente agitación social, el presidente De la Rúa presentó su renuncia. El 20 de diciembre de 2001

Alfonsín, como senador, apoyó la elección como presidente provisional de Eduardo Duhalde, para luego renunciar a su banca en julio de 2002. 

Roberto Lavagna, quien había sido en su momento Secretario de Comercio Exterior de Alfonsín por un breve período, fue nombrado ministro de Economía por consejo del propio ex mandatario. 


Volver para decir “Adiós”


Raúl Ricardo volvió –junto a uno de sus hijos y un nieto-, a la capital del Deza el 29 de noviembre de 2003, diecinueve años después de que fuese nombrado “Hijo Adoptivo” de Lalín. En la oportunidad asistió a la imposición de su nombre a una calle de la villa de sus antepasados.

Ese día fue recibido en el Ayuntamiento por el alcalde, José Crespo, y por el por entonces diputado autonómico José Cuiña, que había sido regidor del municipio en el ’84. Tras el encuentro, el ex presidente de la República firmó en el Libro de Oro del Ayuntamiento y se dirigió a las autoridades presentes en el Salón de Plenos. Además, tuvo tiempo para reunirse con representantes de la Asociación de Argentinos del Deza.

La comitiva también se desplazó al Parque de Loriga para visitar el monumento conmemorativo de su estancia en Lalín en 1984 y realizó un breve recorrido por las calles del pueblo.

Días antes también había asistido en la Diputación Provincial de Pontevedra a la presentación del libro de Anxo Lugilde titulado “El drama de la quinta provincia gallega”. En este acto, Alfonsín advirtió de que “no se puede esperar nada de la noche a la mañana”.

Raúl Ricardo siempre reivindicó sus raíces gallegas, llevando como estandarte la historia de superación y lucha de su abuelo a quien mantuvo en lo más alto de su consideración como un ejemplo a seguir.

Volvió a Ribadumia para decir “Adiós”…


Última visita de Raúl Alfonsín a Azul


    Raúl Ricardo Alfonsín, durante su última visita a esta ciudad, en octubre de 2007, brindó una conferencia, el día 12, en el salón de actos de la Escuela Normal, sobre “Los partidos políticos, instituciones fundamentales del sistema democrático”.    


Aniversarios y homenajes 


El 24 de marzo de 2006, al cumplirse 30 años del golpe militar, Alfonsín encabezó un acto frente a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), en el que reivindicó el rol de su gobierno en el juicio a las juntas y su política de derechos humanos, y cuestionó al gobierno de Néstor Kirchner, por la modificación no consensuada de la ley del Consejo de la Magistratura.

En el año 2008, aquejado de una grave dolencia, fue sometido a tratamiento en los Estados Unidos.

El 2 de julio del mismo año, la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires lo nombró ciudadano ilustre, reconociéndolo por “su aporte permanente a la democracia y los derechos humanos”.​ Aquella noche, se realizó el acto de homenaje en el Teatro Argentino de La Plata, al que asistieron más de 4.000 personas.

Poco después, el 1 de octubre, se inauguró un busto en su honor en el Salón de los Bustos de la Casa Rosada.  


La hora de la despedida…


Raúl Ricardo Alfonsín falleció a los 82 años de edad, el 31 de marzo de 2009.

Se decretaron tres días de duelo nacional. Sus restos fueron velados en el Salón Azul del Congreso Nacional al que concurrieron autoridades, políticos y público en general.

El intendente Omar A. Duclós y el presidente del Concejo Deliberante, Leandro Prat, viajaron a la ciudad de Buenos Aires para participar del velatorio del Dr. Alfonsín. Previamente, en conferencia de prensa, el mandatario se refirió a la figura del ex presidente de la Nación y expresó su dolor por su fallecimiento: “Sin duda se va una figura extraordinaria de la actividad pública y política en la Argentina, una personalidad muy especial, un hombre apasionado que luchó durante muchas décadas por sus convicciones, su partido y su Patria, brindando lo mejor de sí, haciéndolo con mucha honestidad intelectual y con honradez”, manifestó.

Remarcó también que luchó siempre a favor de la vida, de la libertad para que pueda conjugarse con la igualdad, de la paz, de la democracia social. “Lo hizo con mucho talento, una capacidad de liderazgo formidable, un gran carisma y profundas convicciones democráticas y republicanas”, resaltó Duclós.

A su vez, expresó que “fue un hombre que jerarquizó la política a través de su pensamiento, de su conducta, lo que significa coherencia como virtud porque es importante tener claridad conceptual, pero también que esto se corresponda con la conducta. En Alfonsín uno encontraba esa correspondencia”.

En tal sentido, agregó que “en cada actitud se mostraba siempre abogando a favor del consenso y de la unidad nacional, siempre promovió a través del diálogo la construcción de consensos”.

Por otra parte, describió que pese a su trascendencia “en el trato personal era muy cálido, muy amable y detallista. Tenía la capacidad, pese a sus grandes preocupaciones, de estar en el detalle, en el nombre de las personas. Tenía una personalidad de esas que marcan huella en la historia”.

Al día siguiente sus restos fueron llevados en una cureña militar escoltada por el Regimiento de Granaderos a Caballo al Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Su féretro permaneció provisoriamente en la bóveda de los caídos en la “Revolución del Parque” hasta que el 16 de mayo fueron trasladados a un monumento individual en el mismo Cementerio.

La frase del preámbulo de la Constitución Nacional que él solía repetir durante la campaña presidencial está grabada sobre un mármol en su sepultura, como reseña de sus intenciones y legado:

“...Con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino...”.