viernes, 8 de agosto de 2025

Hipólito Yrigoyen, revolucionario

 

Hipólito Yrigoyen, revolucionario

 




         Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Irigoyen Alen nació el 12 de julio de 1852, en la ciudad de Buenos Aires. Fue el tercer hijo de Martín Irigoyen y de Marcelina Alen, y tras modificar drástica y definitivamente la vida social y política de la Argentina, quiso la historia recordarlo como Hipólito Yrigoyen.

Cuando terminó el Bachillerado, inició la militancia política junto a su tío Leandro N. Alem en el Partido Autonomista, un partido de corte populista liderado por Adolfo Alsina, en firme oposición al Partido Nacional de Bartolomé Mitre.

Poco después, Yrigoyen y Alem se enfrentaron con el sector oficial del Partido Autonomista, llevando como candidato propio a Aristóbulo del Valle y sosteniendo una actitud de intransigente oposición a los acuerdos entre dirigentes. El enfrentamiento interno terminó con la exoneración de Yrigoyen, quien al año siguiente fue elegido Diputado Provincial por el Partido Republicano (fundado como alternativa al autonomismo). Los principales postulados de esta propuesta política eran: la protección de industrias rurales, la creación de escuelas industriales, la autonomía universitaria, el mejoramiento de la vialidad y la colonización junto a las vías férreas. Sin embargo, tras la temprana muerte de Adolfo Alsina, su principal opositor, Yrigoyen retornó al autonomismo.

Aún seguía viviendo en la casa de su tío cuando sus esfuerzos comenzaron a dar frutos. Lentamente mejoró su fortuna dedicándose a la invernada, es decir, la compra de vacunos para su engorde y venta al frigorífico. Para ello arrendó las estancias “Santa María” y “Santa Isabel” en 9 de Julio, otros campos en Bahía Blanca, San Luis y Córdoba,  pero además, gracias a un crédito del Banco de la Provincia de Buenos Aires, se convirtió en propietario de la estancia el “El Trigo”, cerca de la localidad de Las Flores. Realizó una verdadera fortuna de varios millones de pesos que fueron utilizados casi completamente en la actividad política, a tal punto que, al momento de morir, su sucesión dejó un déficit.

En 1889, Yrigoyen se mudó a su propia casa, frente a lo que hoy es la Plaza Congreso en la ciudad de Buenos Aires, en la calle que hoy lleva su nombre. Por esa época entabló una profunda amistad con Carlos Pellegrini y Roque Sáenz Peña.

Desde su Partido, Yrigoyen volvió a participar activamente en la vida política e institucional de la Nación, sumándose a la Revolución del ’90. Siguiendo a su tío, Leandro Alem, y a Aristóbulo del Valle, fue uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical el 26 de junio de 1891. Casi dos años después, en la Revolución del ’93, Yrigoyen condujo y financió un ejército “radical”.

 

 

La revolución desde Azul

 

 

El 30 de julio de 1893, procedente de Las Flores, Hipólito Yrigoyen arribó de incógnito en tren a Azul…

Desde la Revolución de 1890, la Unión Cívica se presentaba ante la sociedad como una organización política que proponía una nueva forma de hacer política. Pero en su seno se percibían notables diferencias entre sus dos conductores. Los objetivos de Alem y Mitre eran notablemente diferentes. Sólo coincidían en expulsar a Juárez Celman del gobierno. Pero mientras Alem luchaba por elecciones libres y transparencia gubernativa, el mitrismo, aliado con el roquismo, pretendía recuperar el poder para colocarlo en manos confiables que aseguraran que nada cambiaría.

La Unión Cívica Radical se orientó hacia la intransigencia. Sus dirigentes negaron la legitimidad del acuerdo entre mitristas y roquistas y decidieron pasar a la resistencia.

A principios de julio de 1893 se realizó una importante reunión entre el ministro del Interior, el cívico Aristóbulo Del Valle, Leandro N. Alem y Bernardo de Irigoyen. Los dos líderes radicales se esforzaron por convencer a Del Valle para que diera un golpe de Estado y asumiera el gobierno con el apoyo del radicalismo. El ministro se negó para “no sentar un funesto precedente”. Fracasada esta gestión la Unión Cívica Radical se lanzó a la lucha revolucionaria.

En su campo “El Trigo”, ubicado en el Partido de Las Flores, Hipólito Yrigoyen se había retraído un tiempo atrás pergeñando su revolución contra un régimen político fraudulento y autoritario que, según su visión, hundía al país en una profunda crisis política, social y económica. Tras un importante esfuerzo logró reunir un gran número de hombres a los cuales se ocupó de armar.

La Revolución del ’93 fue la primera en concretarse en la provincia de Buenos Aires y comenzó, tal como lo había decidido el “Peludo”, con la toma de la ciudad de Azul. Aquel frío día invernal Yrigoyen llegó con una considerable fuerza revolucionaria armada con la cual buena parte del pueblo azuleño hizo causa común “porque el gobierno municipal era un semillero de escándalos y latrocinios” de la mano de los hermanos Manuel y Evaristo Toscano.

Las autoridades municipales y los toscanistas se atrincheraron en el Palacio Municipal. Sin embargo, pronto debieron deponer su actitud…

El doctor Narciso Mallea, como testigo de los episodios, un tiempo después hizo una extensa descripción de los mismos destacando: “Hipólito Yrigoyen está en el centro de un montón de gentes envuelto en una enorme humareda, todos fumaban, menos “el cristo mudo”. Viste de chaqué. Está como si tuviera que dictar su clase en la Escuela Normal… Se ve en él una severa energía; no levanta la voz, ordena sin descompostura.”.

En Azul, que era un pueblo fundamentalmente mitrista (vale mencionar que entre los múltiples homenajes que desde Azul se hicieron en vida de Mitre, la calle paralela a las vías del ferrocarril, hoy llamada Islas Malvinas, llevó el nombre del ex presidente), el radicalismo no tenía caudal político. Pero la revolución pudo triunfar, paradójicamente, gracias al apoyo de los seguidores del general Bartolomé Mitre que constituyeron los contingentes más numerosos para la lucha.

Con el doctor Isidoro Sayús en la Intendencia y Luis Aldaz en la Comisaría, Yrigoyen, la Junta Revolucionaria y la tropa radical pasaron a almorzar en la cancha de pelota de Miguel Olasagasti. Luego, Yrigoyen se fue tan silencioso como había llegado…

Luego de pasar por Sierra Chica, los revolucionarios se dirigieron a Olavarría, que había sido tomada por el Dr. Ángel Pintos, a quien Yrigoyen, tras varias negociaciones, dejó al frente de la situación aunque no era radical. Dominada la ciudad vecina, las numerosas fuerzas, engrosadas con la policía de los sitios tomados, partieron a Temperley.

La revolución que se había iniciado simultáneamente en más de ochenta ciudades, triunfó en todas partes de la provincia. El ejército radical llegó a contar con 8.000 hombres bien armados bajo el mando directo de Marcelo Torcuato de Alvear. El día 8 de agosto tomaron la Capital e instalaron como Gobernador provisorio a Juan Carlos Belgrano (vinculado familiarmente a Azul).

Cuando ya se celebraba el triunfo de la Revolución, sus dirigentes cometieron varios errores que los llevaron a la derrota. En primer lugar, Aristóbulo del Valle se negó a dar un golpe de estado y desplazar al Presidente Sáenz Peña, como le reclamaban Leandro Alem y el grueso de los dirigentes radicales. Del Valle se negó a violar la Constitución y preparó un plan legal, por el cual intervino las principales provincias para luego garantizar elecciones libres. El Senado aprobó las intervenciones, pero la Cámara de Diputados no, y de ese modo hizo fracasar el plan.

El segundo error se produjo cuando Hipólito Yrigoyen liberó a Carlos Pellegrini, uno de los líderes clave del autonomismo oficialista, que había sido apresado en Haedo por los revolucionarios. Una vez liberado, se dirigió a la Capital y reorganizó las fuerzas del oficialismo.

Finalmente, el tercer error se produjo cuando, inexplicablemente, Aristóbulo del Valle decidió abandonar la Casa Rosada y dirigirse a Temperley donde estaba acampado el ejército radical revolucionario para estar presente en el momento de la entrega de las armas. Así, el 11 de agosto, Pellegrini y Roca aprovecharon astutamente los proyectos de intervención que aquel había mandado al Congreso, para hacer aprobar la intervención de las provincias de Buenos Aires, San Luis y Santa Fe, ahora en poder de gobiernos revolucionarios.

Enterado el radicalismo de la intervención, su única alternativa era que Aristóbulo del Valle desconociera la ley del Congreso y marchara a Buenos Aires con el ejército radical. Alem se lo pidió encarecidamente. Pero predominaron los principios legales de Aristóbulo del Valle y presentó su renuncia al gabinete el 12 de agosto, siendo reemplazado por el roquista Manuel Quintana.

El 25 de agosto de 1893 el Comité Provincia de la Unión Cívica Radical decidió entregar las armas. Aparentemente la Revolución había fracasado. Sin embargo, había encendido la voz de alarma en el seno del régimen fraudulento gobernante, el cual haría su mayor esfuerzo para perpetuarse en el poder, pero no lo lograría por mucho más tiempo…

 

 

Camino a la Presidencia, Ley Sáenz Peña mediante

 

 

A pesar del afecto que sentía por su tío, Yrigoyen desconfiaba de sus condiciones para el liderazgo, lo que lo llevó a enfrentarse políticamente y a organizar la Unión Cívica Radical de la provincia de Buenos Aires como un partido político autónomo.

Tras el suicidio de Leandro Alem y la muerte de Aristóbulo del Valle, en 1896, Yrigoyen se manifestó en profundo desacuerdo con la orientación acuerdista con el mitrismo que imponía el presidente del Comité Nacional, Bernardo de Irigoyen, como táctica para enfrentar a Roca, cuando éste se encaminaba a su segunda presidencia en 1898. Cuando la Convención Nacional de la U.C.R. sancionó la llamada política de las paralelas para concurrir a elecciones junto con los mitristas, Yrigoyen disolvió el Comité de la provincia de Buenos Aires, desbaratando la estrategia de los bernardistas. Desde entonces, el radicalismo entraría en un grave estado de desorganización partidaria.

En 1903 Yrigoyen comenzó la reorganización institucional de la U.C.R., y encabezó y financió con su propio dinero la Revolución de 1905, que resultó un fracaso. Sin embargo, por miedo a un nuevo levantamiento armado de Yrigoyen, su amigo y Presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña sancionó la Ley del Voto Secreto en 1912, más conocida como “Ley Sáenz Peña”.

En las elecciones celebradas el 2 de abril de 1916, las primeras bajo el régimen de la Ley del Voto Secreto, la fórmula de la Unión Cívica Radical, Hipólito Yrigoyen-Pelagio Luna, se impuso cómodamente.

La asunción del Presidente ocurrió el 12 de octubre de 1916, en el marco de una auténtica algarabía popular. Buena parte de su programa político consistió en terminar con los excesos que se habían cometido durante los sucesivos gobiernos del “Régimen”, como se llamó al período conservador.

Bajo el programa que Yrigoyen denominaba de “Reparación nacional”, empeñó su esfuerzo en terminar con la corrupción, renovar las costumbres y la clase dirigente, y reorganizar las instituciones políticas de la Nación mediante la efectiva aplicación del sufragio libre.

La tarea del Presidente se vio dificultada principalmente por no contar con mayoría en el Congreso Nacional para implementar sus reformas, y además por encontrarse las provincias gobernadas por funcionarios conservadores. Esta última situación llevó a Yrigoyen a ordenar intervenciones en varias provincias -las llamaba intervenciones reparadoras- con la finalidad de llamar a elecciones limpias para concluir los mandatos de gobernadores conservadores que habían sido elegidos en comicios fraudulentos.

Si bien durante su gobierno hubo una actitud conciliadora y comprensiva de las justas aspiraciones obreras, grupos anarquistas y comunistas agitaban el ánimo de los obreros produciéndose huelgas con sorprendente violencia como las ocurridas en la llamada “Semana Trágica”, en la Patagonia y en La Forestal, con centenares de muertos.

La Primera Guerra Mundial, ante la cual nuestro país mantuvo una posición neutral, provocó la valorizaron de los productos agrícolas y ganaderos, necesitados por los países en guerra, pero también acarreó una disminución de las importaciones, intentándose sustituirlas con fabricación local, lo cual dio la perspectiva de creación de una industria nacional. Yrigoyen mantuvo la neutralidad de nuestro país a pesar de las presiones de los intelectuales, los universitarios, y hasta del Congreso Nacional. Al concluir la Guerra Mundial fue destacadísima la actuación de Yrigoyen en la Liga de las Naciones, cuando manifestó su desacuerdo con que sólo se convocara a formar de ella a los países vencedores, alegando por la igualdad de todos los estados soberanos.

Al final de su mandato se creó Yacimientos Petrolíferos Fiscales (Y.P.F.) destinado a promover la explotación petrolera, aunque su crecimiento se produjo durante la Presidencia de Alvear.

 

 

Nuevamente a la Presidencia de la Argentina

 

 

A indicación suya, el candidato radical para las elecciones de 1922 fue Marcelo Torcuato de Alvear, quien resultó electo y pronto se puso al frente de la facción antipersonalista de su partido, es decir, la opuesta a Yrigoyen. Semejante traición fue un trago muy amargo para el viejo líder.

Hipólito Yrigoyen fue electo presidente nuevamente en 1928, para el período 1928-1934, derrotando a una coalición de conservadores y radicales antipersonalistas. De alguna manera, Yrigoyen se cobró revancha.

En 1929 se produjo la Gran Depresión Mundial. El radicalismo dirigido por Yrigoyen no supo responder a las nuevas tendencias socio-político-económicas que la crisis estaba señalando, en un contexto de desintegración de todo un paradigma económico mundial.

Yrigoyen intervino las provincias de Mendoza y San Juan, gobernadas por radicales opositores (el lencinismo en la primera y el bloquismo de los Cantoni en la segunda). A fin de año, el Senador opositor mendocino Carlos Washington Lencinas fue asesinado por un militante yrigoyenista. El crimen causó estupor en el país; lógicamente, Yrigoyen fue acusado de haberlo ordenado, aunque no es probable que haya sido así. Un mes más tarde, hubo un atentado anarquista contra Yrigoyen al salir de su casa para ir a la Casa de Gobierno. La violencia comenzaba a aflorar en cada rincón.

El año 1930 se inició con otro asesinato de un opositor en una provincia intervenida por el gobierno, el del abogado bloquista Manuel Ignacio Castellano. El 2 de marzo se realizaron las elecciones parlamentarias, en las que la Unión Cívica Radical perdió estrepitosamente en la Ciudad de Buenos Aires, frente al Partido Socialista Independiente. En todo el país, la U.C.R. retrocedió en su caudal electoral.

En plena crisis económica y política y cuando aún faltaban cuatro años para las elecciones presidenciales, la debilidad del gobierno de Yrigoyen se hizo crítica. El radicalismo estaba completamente dividido y el gobierno no tenía diálogo con la oposición.

El 6 de septiembre de 1930, el Presidente electo Hipólito Yrigoyen fue depuesto por el primer golpe de estado de la época constitucional, encabezado por el general José Félix Uriburu y apoyado por la gran prensa de las familias oligárquicas, el ejército y la oposición de las élites conservadoras. La clase media, clave para la llegada de Yrigoyen al poder, había dejado de respaldarlo tras la debacle económica.

 

 

La muerte del Gran Radical

 

 

El general Uriburu dejó el poder dos años más tarde para permitir la llegada de un nuevo gobierno que, encabezado por el general Agustín P. Justo como Presidente y Julio Roca (h) como Vice, resultó electo en comicios viciados por la virtual proscripción del radicalismo, dando comienzo a la denominada “Década Infame” caracterizada por la corrupción y un desenfadado fraude electoral.

Después de su derrocamiento, Hipólito Yrigoyen había sido detenido y confinado en la Isla Martín García. Un tiempo después fue puesto en libertad.

Alejado de la política, con una avanzada edad y un marcado deterioro físico, el caudillo radical, apodado el “Peludo” por su aversión a mostrarse en público, falleció en Buenos Aires el 3 de julio de 1933. El cortejo fúnebre fue acompañado por una multitud de personas convocadas espontáneamente quienes se agolparon para despedir a un verdadero luchador, cuyos logros no fueron inmediatamente reconocidos, pero que, con el devenir argentino fueron revalorizados hasta por la misma oposición que tanto lo había agobiado.

viernes, 1 de agosto de 2025

Juan Iturralde, doctor en docencia moral

 

Juan Iturralde, doctor en docencia moral

        


             Juan Iturralde nació en Azul el 11 de mayo de 1903, siendo bautizado el 24 de junio del mismo año en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario. Sus padres fueron la francesa Mariana Oşafrain y el español José Iturralde. Tuvo cinco hermanos: Bernardo (6 de diciembre de 1891; un hermano llevó el mismo nombre, pero falleció siendo bebé), Francisco (2 de julio de 1893), Juana (11 de mayo de 1896), María (1 de diciembre de 1897) y Catalina (10 de noviembre de 1900).

            Cursó sus estudios primarios en la Escuela Normal “Bernardino Rivadavia” y el secundario lo realizó en el Colegio Nacional “Esteban Echeverría” de Azul.

            El mismo día que recibió su Libreta de Enrolamiento se afilió a la Unión Cívica Radical en el Comité de la Juventud, que por entonces funcionaba en Moreno casi Alsina (actual Yrigoyen). Con el paso de los años, el Partido lo distinguiría en varias oportunidades con designaciones de importancia, ocupando cargos directivos en el ámbito local, llegando a ser miembro del Comité Provincia y candidato a legislador.

        

 

Una pasión…

 

 

Juan se recibió en la Universidad Nacional del Litoral, en Rosario, el 20 de marzo de 1934, obteniendo el título de odontólogo. En junio del mismo año se instaló en nuestra ciudad. Inmediatamente se inició en la labor y supo ganarse una intachable reputación y un prestigio que mantendría por el resto de su vida.

            El 20 de agosto de 1936 se creó el Círculo Odontológico de Azul. Su primer presidente fue el doctor Romeo A. Bugallo y lo acompañaban sus colegas Juan Iturralde, Roberto Lucio Cano (hijo del segundo intendente radical de Azul, Abelardo Cano), Osvaldo Belsino, Oscar Bugallo, Manuel Duarte, Horacio Gallasteguy, Angélica Infantino, Mauricio Nasello, Ángela M. de Pedestarrés y Vicente Romeo.

            De acuerdo a la Memoria correspondiente a 1944, preparada por el Director del Hospital Municipal, capitán cirujano Dr. Clemente Félix Gómez, dirigida al comisionado Tte. Cnel. Juan Bautista Grandi, detallaba entre otras cuestiones la planta médica del nosocomio en la que se hallaban Juan Iturralde y Eduardo A. Vigna desempeñándose como odontólogos.

            El 5 de septiembre de 1945 fue reelegida la comisión directiva del Círculo Odontológico con la presidencia del doctor Romeo A. Bugallo, secretario el doctor Iturralde y tesorera la doctora Angélica Infantino.

Sus colegas, por otra parte, en repetidas ocasiones le llevaron a cargos de responsabilidad, ocupando en sucesivos periodos la presidencia del Círculo Odontológico. También orientó la labor del Colegio de esa especialidad, correspondiente al Distrito XIII de la Provincia. En el mismo sentido, y pensando en el bienestar del prójimo, fue uno de los fundadores de la Caja de Odontólogos de la Provincia de Buenos Aires.

 

 

Homenajes a Alem e Yrigoyen

 

 

El comisionado municipal doctor Guillermo López Maffoni, el 24 de octubre de 1945, dictó un decreto designando con el nombre de “Presidente Hipólito Yrigoyen” a la hasta entonces calle Adolfo Alsina.

Meses más tarde, el comisionado Silverio Carbone, el 4 de junio de 1946, inauguró un busto del líder de la Unión Cívica Radical en la rambla central de la avenida 25 de Mayo en su intersección con la renombrada arteria. La confección del busto (que años más tarde sería trasladado a la esquina de la Av. Pellegrini y Falucho), fue encomendada al escultor don Pascual Buigues -domiciliado en la localidad de Témperley-, trabajo por el que se le abonaron $ 850 M/N.

Poco antes, el 30 de enero del mencionado año, Carbone había solicitado a la provincia que dos calles de la ciudad se denominen en lo sucesivo Leandro N. Alem  (la por entonces calle Centenario, actual avenida Cáneva) y Dr. Ángel Pintos (la Guaminí). Sin embargo, el pedido no fue atendido…

 

 

Consejero Escolar

 

           

            Hacia mediados de 1947, la Unión Cívica Radical resolvió la amplia y total reorganización del partido en todo el país. En nuestra ciudad la Junta Inscriptora quedó a cargo de la formación de un nuevo registro de afiliados. Dicha Junta estuvo conformada por los doctores Juan Iturralde, José María Pedestarrés, Jacinto Hipólito Bogliano y Horacio N. Ferro (Chillar), y los señores M. Enrique Barbieri (Cacharí), Adolfo José Ferreyra, Antonio Ibarbide (Chillar) y Héctor Cachenaut.

Iturralde militó a través de la Unión Cívica Radical, imponiéndole a sus ideas partidarias su impronta personal, con auténtica vocación ciudadana.

En los diversos municipios del país se iniciaron las campañas políticas para las elecciones que se llevarían a cabo el domingo 14 de marzo de 1948. Por el Peronismo se presentó como candidato a intendente el joven abogado Ernesto María Malére; mientras que por la Unión Cívica Radical lo hizo el destacado y reconocido abogado Alfredo Prat, de dilatada trayectoria política y laboral. Acompañando a éste último, Juan Iturralde  encabezó la lista como candidato a consejero escolar. Por otra parte, la nómina de candidatos a concejales estaba formada por Carlos A. Leiva, Horacio N. Ferro, Pedro L. G. Ramírez Drake, Jacinto H. Bogliano, Pedro Armando López, Leandro Mirande y Juan Carboni, entre otros destacados correligionarios.

El Dr. Malére triunfó alcanzando 5.019 votos sobre los 3.891 que conquistó su principal adversario. Por su parte, sus demás competidores, el demócrata Dr. Juan José María Caputi Ferreyra obtuvo 800 sufragios, Carlos Aguirre (socialista) apenas 106 y Walter Aguirre, comunista, solamente 57 votos.

            Aunque el Dr. Prat no logró los votos suficientes para conducir la Comuna, Juan Iturralde, acompañado por Roberto J. Dours y Florencio Mirande, pasaron a integrar el Consejo Escolar de Azul por el período 1948-1952.

           

 

Candidato a Diputado…

 

 

            Hacia 1950, Juan Iturralde actuaba como Secretario del Comité de la U.C.R. local, siendo acompañado en la función por Pedro Luis Gregorio Ramírez Drake, José Pedestarrés y Pedro Armando López. Por entonces el presidente del Comité era el Dr. Juan Prat, y lo acompañaban, como vicepresidente 1º, Alfredo Sarno, vicepresidente 2º, Ernesto Tourné, tesorero Juan Carlos Dhers y protesorero Florencio Mirande.

El 12 de marzo de 1950 se realizaron elecciones para el ejecutivo provincial, y de renovación de la Legislatura provincial y de los Concejos Deliberantes; todos los cargos tendrían una duración de dos años, dado que en las siguientes elecciones generales (previstas para 1952), se renovarían la totalidad de los cargos públicos, en base a las nuevas disposiciones de la Constitución Nacional de 1949, y las leyes electorales que las reglamentarían.

         Iturralde integró la lista del radicalismo como candidato a Diputado Provincial. En dichas elecciones se renovaron la mitad de los 84 escaños de la Cámara Baja, sin embargo, Juan no conquistó una banca ante lo que fuera una decidida avanzada del Peronismo en todos los aspectos gubernamentales.

 

 

Una compañera de vida y militancia

 

 

            El 7 de octubre de 1954, en la Parroquia de San Nicolás de Bari de la ciudad de Buenos Aires, Juan contrajo matrimonio con la joven azuleña Nélida Beatriz Canevello (nacida el 3 de octubre de 1928; hija de Luis Canevello y María Elena Chervero). La pareja tuvo dos hijos: José Luis y Silvia. Además, con su esposa compartió el mismo ideario cívico encarnado en el radicalismo. De hecho, años más tarde, a pesar de haber enviudado, ella continuó su militancia, colaborando con el partido en diversos aspectos y siendo secretaria general del Comité local cuando actuaba como presidente Alfredo Prat, entre 1973 y 1976.

 

 

Campeando la dictadura…

 

           

            Dentro de las diversas actividades políticas, que no sin inconvenientes se podían realizar en plena dictadura del gobierno de facto nacional, autodenominado “Revolución Libertadora”, el 9 de julio  de 1956, en la Casa Radical de nuestra ciudad se constituyó la junta local de la Organización Agraria Radical. En la oportunidad expusieron Bernardo Barrere -de Chillar-, Horacio Saint André y el doctor Alfredo Sarno.

            En el mismo año se realizó un acto en Las Flores, al cual asistieron: Gau, de Tapalqué; Juan Iturralde, Alberto Sarramone y su esposa Bernardita, también su hermano Mario Guillermo Sarramone, de Azul; y, además, Alejandro Armendáriz y Miguel Ángel Volonté, de Saladillo, y Arturo  Frondizi y Ricardo Balbín. El objetivo de aquel acto era remarcar la necesidad de mantener la unidad del Partido en beneficio de la comunidad, dado que el embate de las Fuerzas Armadas, aunque fundamentalmente apuntaba al Partido Peronista, también afectaba a las demás fuerzas políticas y primordialmente al pueblo argentino.

 

 

En campaña

 

 

            “Iturralde es el gran ciudadano que necesita esta gran ciudad”, fue la frase con la que el diario “El Tiempo” titulara la tapa de su edición del 10 de marzo de 1962. La misma había sido pronunciada por el Dr. Juan Prat en la vereda del Teatro Español donde se realizó un acto con una nutrida concurrencia, frente a la cual hicieron uso de la palabra justamente los doctores Juan Prat, Mario Grau y Anselmo Marini. También habló el candidato Iturralde. “El Vasco” expresó: “Con la misma lealtad y fervor con que he servido al radicalismo, voy a desempeñarme en la Intendencia… No vamos a improvisar…”. Asimismo subrayó que desde su puesto iba a incentivar la labor de las comisiones vecinales, actuando activamente en el problema de la salud de la población, intensificando el desarrollo económico, dando facilidades y creando las condiciones para que las industrias se establezcan en la ciudad. 

 

 

El candidato “Del Pueblo”

 

 

            Después de la fragmentación de la Unión Cívica Radical, la presidencia del Comité estuvo temporalmente en manos del Dr. Horacio Ferro, quien la transfirió al Dr. Iturralde. La labor que debió desempeñar el odontólogo no fue sencilla, pues justamente aquella división de correligionarios provocaba pesares políticos, pero también amargaba a muchos la separación de quienes habían sido amigos y compañeros de militancia.

            Además de los comités femeninos, el radicalismo contaba para los años ’60 con varios subcomités: “Honorio Pueyrredón” de Villa del Parque, “Moisés Lebenhson” de Barrio Sur, “Hipólito Yrigoyen” de Villa Piazza, “Carlos M. Zabala” de Cacharí y el subcomité de Chillar.

            Proscripto luego del golpe del ´55, el peronismo volvió a presentar candidatos para las elecciones convocadas para el 18 de marzo de 1962. Juan Carlos Pourtalé asumió la responsabilidad de recuperar para su Partido la conducción del Palacio Comunal. Sin embargo, no sería tarea sencilla y el resultado final fue el menos pensado.

            Por su parte, Juan Iturralde -quien debió conducir al Comité local en medio de la tormenta política que se abatió sobre el radicalismo argentino-, encabezó la lista de la Unión Cívica Radical del Pueblo y, Horacio de Dominicis -quien había causado estupor entre los correligionarios con su alejamiento del Comité-, hizo lo propio por la Unión Cívica Radical Intransigente.

            El presidente de la República, Arturo Frondizi, como tantos otros, confiaba en que el peronismo no iba a contar con el apoyo suficiente del pueblo para retornar al poder, pero, para su desgracia, se equivocó.

            El peronismo, que se encolumnó bajo la denominación “Unión Popular”, obtuvo la victoria en casi todo el país, demostrando que a pesar de los pronósticos, aún conservaba su fuerza y caudal electoral.

            En nuestra ciudad, aunque con un escaso margen de ventaja, Juan Carlos Pourtalé triunfó al obtener en un primer recuento 7.776 votos, mientras que el radical Juan Iturralde alcanzó 6.450  sufragios.

            Sin posibilidades de revertir aquellos primeros números, el recuento final marcó que la lista local encabezada por Pourtalé logró 8.001 votos; resultó segunda la Unión Cívica Radical del Pueblo con 7.391, y en tercer lugar quedó la lista de los intransigentes, encabezados por de Dominicis, con 5.867 sufragios.

            Los militares, que se habían mantenido al acecho durante todo el mandato de Arturo Frondizi, reiniciaron una seguidilla de presiones. Y la primera consecuencia fue la anulación de las elecciones, para que, finalmente, el Presidente fuera derrocado pocos días más tarde, el 29 de marzo de 1962. Asumió el presidente provisional de la Cámara de Senadores de la Nación,  José María Guido, y poco después convocó a nuevas elecciones…

            En Azul, apesadumbrado, el intendente Amado Diab, de la U.C.R. Intransigente, vivía sus últimos días al frente de la Comuna. Finalmente, por disposición del Interventor Federal, dejó la intendencia el 3 de mayo.

            Tras las elecciones realizadas el 7 de julio de 1963, le llegó el turno de gobernar a la Unión Cívica Radical del Pueblo.

La fórmula compuesta por Anselmo Marini y Ricardo Lavalle triunfó en las elecciones a gobernador de la provincia de Buenos Aires. El nuevo gobierno -que asumió, como el presidente Arturo Umberto Illia, el 12 de octubre-, debió enfrentar una situación político-económica muy compleja y conflictiva, con el peronismo proscripto, con sectores muy influyentes de las fuerzas armadas excediendo el límite del profesionalismo y sectores más numerosos del sindicalismo respondiendo obsecuentemente a la orientación del general Perón que estaba fuera del país y proscripto.

 

 

Bregando por la educación

 

 

            Juan Iturralde fue miembro del Consejo General de Educación de la Provincia de Buenos Aires, cargo que ejerció en la segunda mitad de la década de 1960, durante el gobierno del Dr. Marini. Precisamente integrando dicho organismo provincial, que presidía el Dr. Francisco Alberto Latrubesse, tuvo la iniciativa de crear la Escuela de Educación Media de Cacharí, cuyo edificio fue construido en 1987, siendo director general de escuelas el Dr. Luis Armando Miralles. Además, el Dr. Iturralde, integrando dicho Consejo, hizo mucho a favor de la obra del edificio de la Escuela Nº 28 “Hipólito Yrigoyen”.

            El 6 de octubre de 1964, por Ordenanza N° 46/64, se designó con el nombre “Doctor Horacio Ferro” a la plazoleta ubicada en las calles Cortázar y Belgrano de Chillar. Dos años más tarde, el sábado 30 de octubre, se inauguró un busto en el Hospital Municipal de Chillar que lleva el nombre del profesional. Familiares y muchos vecinos chillarenses y azuleños se acercaron en la ocasión para homenajear al ilustre radical. Entre los asistentes también estuvo Juan Iturralde.

La Cooperativa Eléctrica de Azul Ltda. (C.E.A.L.), de la que resultó uno de los cofundadores, fue otra de las instituciones que supo de su dinamismo y capacidad. Formó parte del Consejo de Administración como Representante de la Municipalidad durante el gobierno de Pedro Armando López (1963-1966).

 

 

El apresurado final…

 

 

El doctor Juan Iturralde, apesadumbrado, encerrado en un duro laberinto personal, decidió ponerle fin a su vida el miércoles 7 de enero de 1970. A la altura del Club de Remo, se arrojó a las aguas del Arroyo Azul.

Previo oficio religioso en la Parroquia San Antonio de Padua, sus restos fueron inhumados el 8 de enero en el Cementerio Único de Azul. En la ceremonia hicieron uso de la palabra el Dr. Osvaldo Chocca (en nombre del Círculo Odontológico de Azul); el Dr. Juan Rafael Martínez (en representación de la U.C.R. del Pueblo) y el Dr. Francisco A. Latrubesse (como ex funcionario de la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires).

El Dr. Latrubesse expresó: “Señoras, señores: Con la tristeza y desazón propias del desgraciado episodio que nos congrega, y en representación de sus pares y funcionarios de la ex Dirección General de Escuelas de Buenos Aires, cumplo la dolorosa misión de dar el último adiós al amigo y correligionario que tuvo la virtud de adentrarse muy hondo en nuestro afecto.

Lo hago con la congoja propia de quien conoció sus virtudes, su bondad proverbial, su lealtad cívica, nacida al conjuro de inquietudes políticas y sociales del radicalismo, y hasta sus últimos instantes los vivió sin interrupción, preocupado por el diario acontecer político. Dio siempre generosidad porque fluía espontáneamente de lo más profundo de su alma lo mejor de su esfuerzo para sus convicciones cívicas, aportando permanentemente, sin especulaciones ni cálculo (que no cabía en la nobleza de su espíritu) el trabajo sin prisa y sin pausa, pero jamás interrumpido.

Sólo puede hacerse una obra continuada y permanente cuando se tiene la convicción honrada de estar con la causa justa, y, sin lugar a dudas ese fue el gran motor que accionó su quehacer político. Detrás de su aparente seriedad, estaba siempre pronta la expresión chispeante y vivaz, su bondad proverbial, su hondura humana. Fue profundamente bueno y servicial, de una rectitud de procederes que trasuntaban una vida interior plena de virtudes morales. Tuvo amigos porque así lo sentía en intensidad espiritual, y por eso fue siempre querido en profundidad.

Esta ciudad de Azul, que proyectó al escenario político del país a muchos hombres honrados y capaces de distintas divisas partidarias, tiene en esta vida ejemplar de Juan Iturralde, dedicada con cristalina pureza a afirmar la democracia, la respuesta veraz a todos los que en la función inconfesable de socavar las bases institucionales de la República, se soslayan desprestigiando el valor moral de los hombres públicos.

Su paso por la Dirección General de Escuelas de Buenos Aires dejó el sello inconfundible de su adhesión a la Escuela de Sarmiento, que prestigió con su cargo de Consejero General de Educación. Todos los cargos que con justicia le fueron conferidos no los ejerció con el frívolo y sensual placer de los fatuos, sino con el señorío de los hombres de bien; sin estridencias; con ponderada eficacia. No fue nunca el impaciente que se abrió paso a codazos, ni lo cegó la figuración, y en la vorágine del agitado quehacer político, que a veces desubica y perturba, no perdió el sereno juicio ni el rumbo de su andar. Fue doctor en docencia moral, por el limpio quehacer de su vida pública y privada. A esta alta jerarquía humana sólo llegan los señores de la conducta. De hoy en más, en este lugar del silencio yace un noble hijo de esta ciudad de Azul que pudo transitar hasta la muerte, el duro y difícil camino de un ideal político con constancia y con fe, dejando a las generaciones que el suceden, el ejemplo de una vida, que es patrimonio y orgullo de sus familiares, correligionarios y conciudadanos.

Nuestra presencia en esta despedida tiene un doble significado: Primero, afirmar una vez más que los decretos intimidatorios y absurdos de disolución de los partidos políticos no pueden ni podrán jamás, extinguir la tea luminosa del ideal. Y, segundo, que si esgrimiendo esos fútiles pretextos hubiésemos faltado a esta cita, nuestra propia conciencia, juez insobornable, nos recriminaría la cobardía e ingratitud hacia el amigo y correligionario que puso al servicio de la democracia, de la libertad, de la educación y de nuestro estilo de vida un accionar pleno de honradez, limpieza e integridad sin par.

Juancito: en nombre de todos tus amigos de la Dirección de Escuelas de Buenos Aires, a quienes diste tu entusiasmo y tu esfuerzo, yo te despido y te digo: tu recuerdo estará siempre en nuestros corazones con la misma fidelidad y el mismo amor.”.

A continuación habló el doctor Martínez:

“Me toca en responsabilidad, y por qué no decirlo, el honor de despedir los restos mortales de quien fuera un activo militante cívico, un ciudadano preciado y por sobre todas las cosas un funcionario sin mácula siempre arropado con la túnica de la honradez acrisolada.

Don Juan Iturralde fue un activo dirigente de la U.C.R. del Pueblo; sus filas lo tuvieron como presidente de esta ciudad, fue candidato a intendente y titular del Consejo Escolar de la Provincia.

En nombre de la U.C.R.P. traigo a esta tumba el homenaje de las emociones profundas que comparto y que ignoro si sabré interpretar, porque es difícil traducir en palabras lo íntimamente sentido y sencillamente imposible, medir el dolor. A éste solamente se lo siente.

Y así nos encontramos ante quien tenía el corazón abierto a todas las emociones puras y la mano tendida para todas las lealtades. Don Juan, aquí estamos los amigos de siempre, que unen su pesar y sus sollozos a los suyos ante la impotencia de la muerte. Pero la muerte también enseña y la tumba es su cátedra.

Por eso, en los umbrales de esta que se va a cerrar, pueden aprender los que están llamados a formar a la cabeza de la columna de los que dirigen, el ejemplo magnífico de su bonhomía política y modestia humana, porque a través de las vicisitudes de la vida y de la incertidumbre de la suerte, creyó siempre en el deber como regla para la vida y confió en la libertad como destino para su pueblo.

Por eso, con el alma aguijoneada por lo irreparable digo, que si es verdad que las almas vuelan al desprenderse de su mísera envoltura terrenal, ciérnase la suya en la más augusta y plácida de las elevaciones y la paz intacta de los espacios ignotos reine en su postrer refugio eterno”.

Finalmente, el Dr. Chocca dijo:

“Hace más de quince años en una tarde de invierno y en su gabinete de trabajo estreché una mano firme de colega, todo de blanco, con voz pausada y palabras sinceras escuché un consejo; recibí un aliento, me sentí apoyado; había conocido al Dr. Juan Iturralde. Hoy vengo en representación del Círculo Odontológico de Azul en la tristísima misión de dejar junto a sus despojos mortales, el eterno recuerdo de sus colegas que lo vieron de cerca en el campo profesional, en la función hospitalaria, en la función privada, donde siempre ejerció con la honestidad y el decoro con que juró hacerlo hace 35 años en su querida Escuela de Odontología de Rosario. Pero eso no fue suficiente para él; cuando el afán y la necesidad de agruparse en procura de nobles ideales citaron a la Odontología Azuleña, allí dijo presente, siendo socio fundador de nuestro Círculo Odontológico y ocupando en repetidas veces el cargo de presidente. Su capacidad directriz no podía faltar en el Colegio de Odontólogos Distrito VIII, como tampoco podía faltar el fruto de su experiencia en cuanta reunión gremial se realizara y a las que, dando un ejemplo a noveles colegas, el Dr. Juan Iturralde, nunca faltó.

La comunidad de su ciudad natal también recibió su generoso aporte en el Consejo Escolar, la Cooperativa Eléctrica y otras instituciones.

Lo sabíamos solidamente arraigado a un concepto cabal de la libertad y la democracia, por ella trabajó mucho y su última e importante función pública en el ámbito bonaerense, si breve, le habrá dejado penas, pero no mellas a sus férreos ideales.

Dr. Juan Iturralde, no tendremos tu presencia, ni tu voz, pero el ejemplo de tu vida será la buena senda para tus hijos, que en la permanente lucha cotidiana verán brillar los brillantes de tu alma. Descansa en paz.”.

 

 

Años más tarde…

 

 

El 3 de diciembre de 1987 se inauguró el Jardín Nº 916 “Dr. Juan Iturralde”, ubicado en la calle Libertad Nº 227 de nuestra ciudad. La iniciativa perteneció al azuleño doctor Luis A. Miralles, por entonces director de la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires.